¿Adicto al trabajo? DES-CO-NEC-TA

En ciertas ocasiones, el uso del móvil debería estar prohibido. Y no lo digo porque no sea un ciudadano de a pie más, que lo lleva a todas partes. Creo que, en cuanto a eso, casi todos y todas somos culpables ¿o no? Pero aún entonando el mea culpa, cuando recibes una llamada, o te llega un e-mail fuera de horas, que parece importante, aparece la odiosa disyuntiva del ¿contesto o no contesto? Quizás usar más el modo avión, sea una opción a tener en cuenta. Pero ¿por qué lo digo?

Adicto al trabajo

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No es lo mismo que te llame tu novia, o un amigo al que hace tiempo que no ves, o tu cuñado para contarte cuánto se ha ahorrado comprándose un vuelo + hotel a Brasil, o un compañero de curro pidiendo ayuda, o una ex (cuidado… miedito), o tu jefe, pero… ¿y si el que está llamando es éste último? ¿Qué haces? Sobre todo, si sabes qué día y qué hora es, estás de vacaciones y en principio no toca. Pero te preocupas, o no… y termina ganando la preocupación o el miedo, y lo terminas cogiendo. Quizás no sea nada, pero no te atreves a no cogerlo por las implicaciones que ello pudiera tener después. Así somos.

Un poquito de por favor: apaga el móvil, pero si no lo apagas…

Que al menos sepan que estás disfrutando de tu tiempo ¿Cómo? Te preguntarás. Pues dándoles mucha envidia, de forma que caigan en la cuenta de que en esta vida, en efecto, hay tiempo para todo, y que según el momento, toca trabajar, disfrutar, echarse la siesta, conducir… o simplemente toca desconexión: desde luego, después de reservar un hotel romántico, para pasar un fin de semana de lujo con tu pareja, no lo vas a romper cogiendo una llamada.

Imagínate que es un caluroso domingo de julio, estás de relax en la costa, en un hotel de 4* que era una oferta, de las que hay que aprovechar, y con parte de la familia habéis hecho bote. Habéis salido a comer al paseo, y para hacer la gracia siendo fieles al tópico, vamos a poner una paella sobre la mesa. Pero mientras llega, vamos a pedir una jarra de cerveza, tres tintos de verano, una Coca-Cola para el niño y dos botellas de agua mineral. Por cierto, esa jarra de cerveza… es tan grande como mi cabeza, a poder ser “fría de denuncia”. Traen los aperitivos y empieza lo bueno ¿te pones en situación? Esta mesa, ya es una MESA con mayúsculas.

De pronto y sin saber bien por qué, el móvil de mi tío Juan empieza a vibrar. Lo tiene sobre la mesa, craso error por cierto, pero ahí está: reclamando atenciones. ¿Quién podrá ser? Se hace el silencio y mi tía Victoria resopla con cara de indignación, mientras mi tío, al que por cierto no le toca guardia, va a proceder a coger la llamada. No lo cojas, le replica mi tía, porque ya sabe que es el jefe, que por alguna misteriosa razón, considera al bueno de mi tío Juan imprescindible en su vida diaria fuera de horas.

Tranquilo, el Apocalipsis no llegará porque no contestes ahora mismo.

Pero por una vez, Juan sabedor de la que le espera si se levanta de la mesa para hablar, después de un mes entero de guardias de fines de semana, kilómetros y kilómetros de coche visitando clientes, noches tardías preparando informes de ventas, y un par de citas canceladas para ir al dentista… reacciona. Y ya no es mi tío Juan, es Espartaco el Libertador de esclavos y todos lo vemos.

Primero corta la llamada, coge el móvil y pone la cámara, al tiempo que traen la paella: todo encaja. Saca una foto, que no es una foto: es un símbolo, es… LA FOTO. Y se la manda a Manolo, su jefe por Whatsapp, con la siguiente dedicatoria: Aquí, sufriendo con la familia en la playa, ¡disfruta del domingo! Eso sí, asegurándose antes que la jarra de cerveza, macroscópica, universal, épica y libertadora, quedaba en un muy buen primer plano. Juan, te dije que nos teníamos que haber ido de crucero… que ahí sí que no te pueden hacer volver en coche, dijo la tía Victoria a su marido relajándose un poquito.

El tiempo es el único bien inmaterial que jamás recuperaremos, por eso hay que ir invirtiéndolo, casi siempre sobre la marcha, de la mejor forma posible. Y digo sobre la marcha, porque a pesar de nos organicemos más o menos bien, siempre hay un hito que hará que el calendario, tenga que adaptarse a la realidad de nuestras modestas vidas. A veces para bien, pero otras no tanto. Si hay que estar, se está… pero estar por estar, no es vida.

¿Y verdad que todos queremos vivir? ¿Y verdad que todos queremos disfrutar de ese bien tan preciado llamado tiempo? Y además, ¿qué nos queda aparte de ese tiempo que en cuanto te despistas se te escapa entre las manos? Ya lo decía mi padrino: la vida son dos días, y ya van consumidos uno y medio. Así que aprovecha el tiempo que tienes, antes de decir que es “el tiempo que te queda”: pásalo con la gente que te importa, viaja todo lo que puedas, ve mundo, experimenta, ama siempre que puedas, y cuando no… inténtalo.

Fíjate en todo lo que ganas, desconectando cuando toca.

Miguel Lázaro 

Un ingeniero agrónomo cualquiera, que se perdió entre el mundo de los viajes y el de los datos. Bloguero políticamente incorrecto en personalidadyrelaciones.com desde 2007, y actualmente responsable del área CRM – Loyalty en Halcón Viajes.