Alojarse en un iglú en Andorra

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Tanto si perteneces a ese grupo de entusiastas de la nieve que disfrutan con el blanco manto invernal, como si eres de los que buscan experiencias curiosas y originales, Andorra te ofrece un mundo de posibilidades. Entre ellas, algo tan alucinante como alojarse ¡en un iglú!

Los hoteles de hielo, de alguno de los cuales ya hablamos en este blog de Halconviajes, se han convertido en toda una atracción temática que seduce a los viajeros por sus insólitas características: dormir entre paredes heladas, tapándose con gruesas pieles y viviendo una especie de aventura salvaje, dentro de un orden.

El problema para la mayoría de nosotros, está en que dichos establecimientos suelen ubicarse lejos, en países nórdicos, donde se alcanzan temperaturas muy bajas y las nevadas son lo suficientemente intensas. Es el caso de Escandinavia o Canadá, por ejemplo, donde además dichas precipitaciones se mantienen durante muchos meses y garantizan la apertura del hotel durante una buena temporada.

Ello hace que el coste del viaje se incremente de forma notable, al tener que sumar el precio del desplazamiento al de la propia estancia… A no ser que pudieras ahorrártelo. ¿Cómo? Buscando una alternativa más cercana. En este momento es donde tenemos que pronunciar la palabra Andorra.

Porque el pequeño principado también tiene esa oferta: alojarse en un iglú, una verdadera habitación hecha de hielo que permite pasar una noche especial, diferente, acaso romántica, siempre inolvidable. Se halla en la estación de esquí de Grand Valira, a 2.350 metros de altitud, en plenos Pirineos.

Es un auténtico iglú construido íntegramente de nieve y decorado por artistas, totalmente preparado y equipado para que pases en él una noche tan mágica como divertida, si es que tienes claro lo que quieres. Para ser exactos, hay cinco iglús con capacidad máxima para seis personas y una serie de servicios complementarios como bar, restaurante, WC, terraza y jacuzzi.

Eso sí, debes tener en cuenta que alojarse en un iglú supone aceptar una serie de condicionantes que debes asumir previamente para evitar sorpresas. Para empezar, entender que un habitáculo hecho de hielo no puede tener calefacción o se fundirá, así que la temperatura media ronda los cero grados.

Ello implica que vayas adecuadamente preparado para disfrutar plenamente de esa noche. Lo que se recomienda en estos casos es llevar ropa de nieve o más o menos caliente, evitando cosas tipo vaqueros o zapatillas deportivas en favor de algo más apropiado, como botas, guantes y prendas gruesas. No deberían faltar guantes, calcetines y ropa interior de recambio, un pijama y un gorro (dos para ser exactos, ya que uno será para usar en el jacuzzi y podría mojarse).

El resto sería lo usual en cualquier maleta (en realidad no se admiten maletas así que mejor mochila o bolsa de deporte): gafas de sol (importantes para proteger los ojos de los reflejos de los rayos sobre la nieve durante el día), elementos para el baño (toalla, bañador, chanclas), cepillo de dientes, una linterna, etc.

A la hora de dormir, el establecimiento te facilitará un saco y una sábana de algodón de uso exclusivamente personal. Entonces llegará el gran momento de averiguar si la idea de pernoctar en un iglú ha sido acertada. Será cuestión de cómo lo afrontes; bajo cierta óptica, la diversión está casi asegurada. Aunque sea entre escalofríos.