Carnac, el mayor complejo megalítico del mundo

Carnac

Aunque la fama la acapara Stonehenge, el mundo de los monumentos prehistóricos tiene más lugares destacados y alguno de ellos constituye un filón para arqueólogos, historiadores y curiosos. Buen ejemplo de ello es Carnac, el mayor complejo megalítico del mundo.

Carnac es una población de la costa noroccidental francesa, concretamente de la región de Bretaña, situada entre Vannes y Quiberon, a 55 kilómetros de Nantes. Se llega por carretera usando la D-768, con el océano Atlántico como referencia.

Un sitio donde se concentran unos tres mil menhires, es decir, piedras de gran tamaño y forma fusiforme colocadas verticalmente, con la base semienterrada en la tierra. Unas veces están decorados con inscripciones o relieves, otras presentan sus caras listas y algunas -las menos- están tallados con formas animales o antropomórficas, si bien en este último caso pasan a tener la consideración de estelas o ídolos.

Así pues, en ese rincón de Bretaña se reúnen millares de menhires -de hecho, su nombre procede de la palabra bretona ar-men-hir (piedra larga)- que, en ese caso, se alinean en formaciones premeditadas lineales rectas. Stonehenge, por ejemplo, es un crómlech, o sea, una colocación de forma circular, pero formado por dólmenes (menhires con una piedra encima en horizontal).

Los de Carnac son de granito y tienen diferentes tamaños, loe menores de noventa centímetros y los más grandes de cuatro metros de altura. Lo más sorprendente, sin embargo, está en esos alineamiento que decíamos, pues algunos alcanzan los tres kilómetros… ¡y originariamente se cree que llegaban hasta ocho!

Se agrupan en cuatro áreas atravesadas por una carretera: Le Ménec, Kermario, Kerlescan y Le Petit Ménec. Las dos primeras superan el millar de piezas cada una, mientras que la tercera tiene quinientas cincuenta y la última un centenar. Todas dispuestas en hileras sucesivas y con un crómlech de setenta menhires rodeando el conjunto.

Si te estás preguntando por su sentido, es la misma cuestión que trae de cabeza a los expertos. Descartando las peregrinas teorías antiguas de que eran restos del Diluvio Universal, lo que quedaba de un gigantesco esqueleto de ofidio prehistórico o soldados romanos petrificados por Dios, en su momento se habló más seriemante de restos de un campamento romano, de avenidas hacia un gran templo y de observatorio astronómico de los druidas.

Pero, al igual que pasó con Stonehenge, la adscripción a la cultura druídica ha sido rechazada porque la cronología del monumento es anterior. No hay unidad en torno a su interpretación y unos apuestan por una especie de calendario para determinar solsticios y equinoccios mientras que otros se centran en un culto a la fertilidad.

Esto último dio lugar a la curiosa costumbre de que algunas parejas deseosas de descendencia visitaran Carnac por las noches; en ese sentido, el menhir de Saint-Cado es el preferido. Por eso en otros tiempos se intentaron cristianizar tallándoles cruces, enterrando las piedras o usándolas para construir iglesias. También se aprovechó el sitio para ubicar túmulos funerarios.

Si decides hacer un viaje por Bretaña y te acercas a ver in situ este monumento, ya incluido en la lista del patrimonio histórico francés, ya no podrás deambular entre las piedras porque ha habido que cerrar su acceso para protegerlas, ya que la afluencia de turistas deterioró el lugar. Pero si las verás desde la verja que las rodea y, aún así, te impresionarán.