El gran cazador de ofertas

Érase una vez… una barbacoa cualquiera, de las muchas que se organizan cuando hace buen tiempo. Estos eventos de terraza, jardín y urbanización, suelen ser excusa para nuevas actualizaciones: anuncios de compromisos, cumpleaños, inauguración de la piscina y noticias varias.

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Estaba yo tan tranquilo en mi rincón, que no era el mío solo: era el rincón de los que no nos va la vida, en discutir el mejor precio de una reforma, porque no nos interesa lo más mínimo cuánto vale una cocina nueva, o poner una tarima, o hacerse una piscina para darle envidia al vecino. Podríamos llamarle el rincón de “los que vivimos de alquiler” y no invertimos en una casa, que en realidad le pertenece al banco.

Allí nos encontrábamos dándole al entrecot, a la patata asada y al vino tinto, aquellos y aquellas, que teníamos algo quizás más interesante que contar, o que bien, queríamos algo interesante que escuchar ¿Y de qué estábamos hablando? Pues aparte de lo obvio y de lo de siempre, de los últimos viajes que habíamos hecho, y de los que estábamos planeando en lo próximo. Porque claro, el hecho de no estar atados al suelo, ni a la obra menor, ni al ladrillo, teniendo un sueldo más bien modesto, de vez en cuando nos permite alguna que otra escapada.

Había conseguido evitar hasta el momento a José Antonio: que si te digo su primer apellido te ríes, y si te canto el segundo… directamente no te lo crees, porque piensas que te estoy vacilando. Pero sí, digamos que tiene nombre y apellidos históricos, que yo creía irrepetibles, hasta que le conocí en un sarao y así me lo presentaron. Realmente no es mi cuñado, pero como si lo fuera, porque hace las veces de listo, consejero, “enterao”, aficionado al bricolaje y a un supuesto sentido común, que a mi entender, ya nadie practica en 3D y tiempo real. Te preguntarás ¿por qué le evito cada vez que le veo?

Pues el bueno de José Antonio, cada vez que me ve, sabedor de que trabajo en una agencia de viajes, me persigue hasta que me encuentra, bajo dos motivaciones, cuya insistencia y obcecación, a día de hoy, no logro entender:

Motivación 1: José Antonio cree que como trabajo en una agencia de viajes, soy capaz de hacer magia con los precios, con las ofertas y que soy algo así como El Gandalf el Blanco de los chollos; porque siempre que me encuentra, trata de sacarme algo a lo mercadillo tunecino: o sea, regateando. Yo ya le he explicado mil veces que esto no funciona así, pero no se da por vencido. Él lo sigue intentando.

Motivación 2: El segundo golpe de ariete de José Antonio, es la competencia. Le gusta competir, le encanta. Como no rasca nada regateando, alega y afirma, que él solamente viaja cuando le merece la pena a un buen precio; por eso alardea de conseguir siempre el vuelo + hotel más barato, el descuento de última hora, y porque es más listo que el resto de los seres humanos, además en todo incluido.

Si oyes los precios a los que dice comprar, pensarás: esto es imposible. Y en efecto, lo es; y los que estamos en esto lo sabemos… pero él es feliz pareciendo que son los hoteleros y las compañías aéreas, los que le pagan a él por volar y viajar a precios irresistibles. José Antonio parece tener más recursos que los metabuscadores reconocidos a nivel mundial. Sí, esos mismos que han creado emporio, porque las ofertas que alega disfrutar mi singular cuñado, no las atrapa ni el algoritmo de Google.

No es un cuñado, es el hombre de los precios Outlet. Por lo visto, las empresas renuncian a sus márgenes comerciales en cuanto le ven, porque sus hazañas no se limitan solamente a los viajes: sus peripecias abarcan compras de electrónica, coches, inversiones financieras, reparaciones domésticas y amistades supuestamente personales, con directores de grandes empresas, que conoció de joven cuando hizo la mili en Ceuta. José Antonio lleva, con orgullo, el cargo de ser presidente de su comunidad de vecinos. Como verás, lo tiene todo.

Lo cierto es que nunca me ha enseñado una sola foto de sus viajes, ni me ha nombrado la web o la agencia con la que viaja, porque eso “ya lo sé yo” me dice, mientras me da dos palmadas en el hombro, sosteniendo un botellín con la otra mano al echar una sonora carcajada. Curiosamente, José Antonio es de los que todos los agostos, como si fuera una religión, va a Gandía, a una casa que le dejaron en herencia. Las Costas Españolas están muy bien, pero hay que ver más mundo. Tengo la sensación, de que si todos los clientes de agencias de viajes fuesen como José Antonio, la economía entraría en quiebra y se hundirían las mercados… es solo un feeling.

Tan contento que estaba yo, contándole a Bea que me iba a pasar unos días a Menorca en septiembre… pero demasiado tarde, ¡me ha visto! Sí, José Antonio me ha visto y se dirige hacia mí, seguro, para darme la vara con algún tipo de regateo ventajoso (para él claro). Oye Miguelón, a ver si me puedes mirar un Gran Canaria… algo majo, en todo incluido que no se salga mucho. Y si no, mírame un Tenerife, pero con cariño ¿vale? Te pago la mitad a la ida, y la otra mitad a la vuelta. Pues sí ¿Lo ves? Éste es mi cuñado, el cazador de ofertas, y en esta ocasión, está innovando con la modalidad en el pago.

Primero termino de masticar, respiro hondo, bebo un trago de Marqués de Cáceres… “Cuñadator” aguarda una respuesta: lo más ventajosa posible, de eso estoy seguro. Así que allá voy: Claro José Antonio, yo te lo miro con cariño… pero cuando te acepten esa forma de pagar en el supermercado, me avisas y seguimos hablando. Ya te digo cosas… Esta vez, no habrá lugar a un segundo intento. He dicho.

 

Miguel Lázaro 

Un ingeniero agrónomo cualquiera, que se perdió entre el mundo de los viajes y el de los datos. Bloguero políticamente incorrecto en personalidadyrelaciones.com desde 2007, y actualmente responsable del área CRM – Loyalty en Halcón Viajes