De Londres a Sydney en tan sólo cuatro horas

Todos recordamos el Concorde: aquel avión supersónico introducido en 1976 y retirado en 2003 tras 27 años de servicio, entre otros motivos, por su escasa rentabilidad. Si completar un viaje de París a Nueva York en tres horas y media era ya todo un logro de la ingeniería, ¿qué os parecería volar de Londres a Sydney en tan sólo cuatro horas?

Esa es la idea en la que están trabajando los constructores Boeing, Lockheed Martin y Gulfstream en colaboración con la agencia espacial NASA: un prototipo sucesor del Concorde dos veces más rápido que éste que pretenden presentar en el Salón Aeronáutico de Farnborough, Londres, el próximo mes de julio.

El hijo del Concorde estaría fabricado con un material más ligero y contaría con un motor mucho más avanzado, características  que unidas al pequeño tamaño de su fuselaje podrían permitirle volar a una velocidad de más de 4.000 kilómetros por hora: casi cuatro veces más rápido que el jet subsónico más veloz existente en la actualidad, el G650 de Gulfstream, con una velocidad máxima de 1.133 kilómetros por hora.

Claro que tanta tecnología tiene un precio: la fabricación de cada unidad ha sido estimada en unos 80 millones de dólares, una cifra nada despreciable que sus fabricantes esperan poder amortizar. Por ello, el nuevo avión está siendo dirigido a un nicho de mercado ejecutivo, residente en Europa y Oriente Medio, bajo la promesa de «ir y volver a Estados Unidos en una jornada de trabajo».

¿Os englobáis dentro de ese grupo y queréis probarlo? Todavía queda un poco para ello, ya que de aprobarse su fabricación el nuevo Concorde no empezaría a volar hasta el año 2.020 o 2.030… aproximadamente. Una fecha muy poco precisa que permite pensar que antes llegarán los viajes comerciales a la luna que el día en que podamos volar a Sydney en el tiempo que invierte un vuelo de Tenerife a Vigo.