Dormir en un castillo medieval

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Más de una vez hemos hablado en Halconviajes de la experiencia de alojarse en hoteles con encanto, incluyendo entre ellos a los que podríamos calificar de raros o extravagantes. Pero seguramente merece la pena prestar una atención especial a la posibilidad de dormir en un castillo medieval, donde el término encantador adquiere un doble sentido.

En efecto, el primero sería el que acostumbramos a dar cuando hablamos de alojamiento: un establecimiento que reúne unas características concretas que le otorgan un atractivo distinto, original, por ser un edificio histórico, hallarse en un lugar de belleza poco común, ofrecer unas instalaciones adaptadas a un gusto por lo diferente o tener elementos temáticos peculiares.

Todo eso lo encontrarás en algunos castillos remodelados y reaprovechados como hoteles, que te abren un mundo distinto en lo referente a la pernoctación. El poder hacer una escapada, por ejemplo, viviendo por unos días en el mismo lugar donde siglos atrás lo hicieron personajes de la Historia.

Así, podrías dormir en una alta cama con dosel y cortinas, pasando por muros de piedra desnuda decorados con tapices y panoplias; estancias iluminadas por rayos de sol que filtran y descomponen cromáticamente unas vidrieras o apenas dejan pasar estrechas saeteras pensadas más bien para los arqueros…

Y más cosas: comer o cenar en una antigua capilla gótica con sus recias paredes protegidas por largos cortinones de terciopelo; hacer la sobremesa en un salón, al calor de una chimenea; ser recibido en el hall por una bruñida armadura; catar los vinos de una bodega añeja, probar las divertida oferta de actividades, etc.

Pero hablábamos de un doble sentido de la palabra encantador. El segundo sería el literal, pues ya sabes que no hay lugar más apropiado que un castillo para encontrarse con un fantasma. Raro es el lugar de ese tipo que no tiene alguna leyenda en ese sentido, dado que, al fin y al cabo, se trataba de arquitectura militar y en ella se congregaban guerras, conspiraciones, crímenes y ajusticiamientos.

Hoy en día los castillos históricos tienen a ser restaurados con fines turísticos, bien para aprovechar sus instalaciones como museos, bien como hoteles. Unos están mejor conservados que otros; algunos han necesitado una revisión integral mientras que otros sólo un acondicionamiento para que sus huéspedes estén cómodos.

Unos parecen sobrios bastiones y otros asemejan más bien palacios; los hay medievales y más modernos, grandes complejos y pequeños torreones. Y lo mejor es que tienes numerosos ejemplos, tanto en España como en el resto de Europa.

De hecho, la lista que saldría sólo en nuestro país sería interminable. Vamos a citarte algunos por si la idea te seduce pero recuerda que tienes montones más. Es casi inevitable empezar citando un clásico: el Castillo de Buen Amor, que está en Salamanca (finca Villanueva de Cañedo) y tiene categoría 5 estrellas.

La red de Paradores tiene un buen puñado: el de Sigüenza (Guadalajara), que ocupa una alcazaba árabe del siglo XII; el de Alarcón (Cuenca), catalogado como Conjunto Histórico-Artístico; el de Cardona (Barcelona), donde Orson Welles rodó Campanadas a medianoche; el de Ciudad Rodrigo (Salamanca), encaramado en un alto dominando el entorno; el de Zafra (Badajoz), exquisitamente palaciego; el de Oropesa (Toledo), que también acumula historia y cine…

En fin, que tienes castillo de sobra para elegir por todo el territorio nacional pero lo mismo pasa en el resto del continente, especialmente en Francia, donde hay una extensa red de chateaux, aunque lo mismo cabe decir de otros países como Alemania, Portugal, Austria o las islas Británicas.