El inacabable nuevo aeropuerto de Berlín

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La historia que vamos a contar parece típica de la España que explotó con la crisis económica, la de los aeropuertos sin ton ni son cuya inauguración se dilata en el tiempo. Sin embargo corresponde a otro país muy diferente; tanto que hoy por hoy es visto como el principal azote de ese tipo de gestión y modelo para todos los demás. Se trata de Alemania, lo que demuestra que en todas partes cuecen habas.

En concreto nos referimos al proyectado nuevo aeropuerto de Berlín, que fue diseñado en 1996 e iniciado en 2006. La fecha de apertura prevista era 2011 pero estamos ya en 2013 y el complejo sigue cerrado, generando notable polémica y no menos bochorno entre los germanos.

Revisemos un poco la Historia. Cuando cayó el Muro y se inició el proceso de reunificación nacional, la capitalidad retornó a Berlín desde Bonn y, con ella, el planteamiento de accesos aéreos adecuados a esa nueva condición. Por entonces, Berlín tenía 3 aeropuertos: el de Tempelhof, usado por los aliados tras la Segunda Guerra Mundial para llevar suministros a la ciudad cuando se tensaron las relaciones con los rusos y que ahora está cerrado; el de Schönefeld, que quedaba al otro lado del Telón de Acero; y el de Tegel, en la parte occidental.

Hubo un acuerdo general en que hacía falta uno nuevo, unificado y moderno, eligiéndose las inmediaciones de Schönefeld, en Brandemburgo, para su ubicación. Allí se construyeron la terminal y las pistas, los accesos (inlcuso llega un tren) y los edificios auxiliares. Hasta nombre tiene, Willy Brandt, pero falta lo más importante, los vuelos y los viajeros, porque sigue sin estrenarse. Y eso que se lo ha dotado de capacidad para 27 millones de usuarios al año.

La cosa es doblemente grave, y más para la mentalidad teutona, porque la inversión alcanza los 2.500 millones de euros. Y hay víctimas colaterales: Air Berlin, por ejemplo, lo tenía todo preparado para trasladarse a esas instalaciones y ha tenido que suspender la operación por el momento, con el lío logístico que eso supone. La última fecha anunciada es el 17 de marzo.

Y muchos os preguntaréis ¿por qué no se abre de una vez? Lo cierto es que se encadena un rosario de razones. La última, el pasado mes de junio, por deficiencias detectadas en las medidas de seguridad contra incendios. Pero también se han señalado demasiados mostradores de facturación o el previsible exceso de ruidos denunciado por los vecinos. Por no hablar de las rivalidades políticas entre los dos principales impulsores del proyecto, el alcalde de Berlín y el gobernador de Brandemburgo.

Ralf Kunkel, portavoz del aeropuerto, aduce que este tipo de problemas son habituales en las grandes obras de infraestructuras públicas. En España sí; lo que no sabíamos es que también en Alemania.