El mínimo impacto ambiental del Aeropuerto de Santiago de Compostela

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Acabamos de leer un interesante post en el blog Aeronoticiario SCQ, especializado en información sobre el Aeropuerto de Santiago de Compostela. En él no vienen datos sobre vuelos, horarios, ni compañías; lo original está en informar sobre sus esfuerzos por ocasionar el mínimo impacto ambiental, ahorrar energía e integrarse en el entorno paisajístico.

¿Cuál es la función de un aeropuerto? Evidentemente, acoger las operaciones en pista de los aviones y facilitar a los pasajeros el embarque y desembarque. Así era originalmente pero, con el tiempo, estos complejos han ido incrementando y diversificando sus servicios de manera que hoy en la mayoría de las terminales se puede disfrutar de tiendas de todo tipo, restaurantes, bares, kioskos de prensa, salas de reuniones, zonas Wi-Fi, áreas infantiles y alojamientos. Ahora, además, se tienen en cuenta las exigencias ecológicas.

En el caso de Lavacolla, el aeródromo compostelano, las hay en todos los aspectos. Empezando por la arquitectura, diseñada para evitar el excesivo consumo energético que suelen presentar los grandes espacios abiertos de las terminales por calefacción o aire acondicionado; de hecho, el sistema de climatización funciona sólo en las zonas cuando éstas están ocupadas.

En ese sentido, el aeropuerto ha sido dotado de una gran cubierta que protege del sol en verano y absorbe el calor gracias a los materiales de que está fabricada. Además se ha pensado en que los pasajeros realicen los recorridos más cortos posibles entre la zona pública y las plataformas de los aviones, no sólo para facilitarles el camino sino también para incidir en ese ahorro de energía.

Algo reforzado con la intensificación de la iluminación añadiendo a la artificial a la natural mediante espacios de doble altura. De todas formas, la primera ese consigue con tubos fluorescentes de bajo consumo y circuitos «inteligentes» que regulan la intensidad de cada zona en función de las necesidades y de la luz natural que entre. Por su parte, el agua caliente se consigue mediante colectores solares y calderas complementarias en tanto las zonas verdes se riegan con agua del subsuelo.

En cuanto a la mencionada integración en el entorno, es algo que empezó ya durante las obras de construcción, adaptándose el edificio a la topografía existente para minimizar los movimientos de tierra. Siguiendo esa idea, se ha preservado la vegetación anterior (eucaliptos y pinos, pero también las especies autóctonas del campo de golf del Real Aero Club de Santiago) de manera que el paisaje cambie lo menos posible, plantándose incluso árboles típicos de la región como carballos o salgueiras.

Asimismo, 15.000 plantas cubren todos los taludes, con un total de 74.000 metros cuadrados y hay que destacar la cubierta vegetal del aparcamiento (15.160 metros cuadrados), capaz de reciclar el agua de lluvia.