Gloria Bernabeu: Un viaje por las lenguas

Gloria Bernabeu es traductora. Ha viajado y residido en varias ciudades europeas y es una apasionada de los idiomas. También es autora de un blog de viajes y hoy nos hace una pequeña guía a través de sus respuestas. Hablamos con ella de Bruselas, ciudad en la que vive ahora, además de otros de sus destinos predilectos. 
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Gloria Bernabeu en el parque de Keukenhof, Holanda.

El mundo de la traducción y la interpretación invita a viajar. Si te hubieras dedicado a otra cosa, ¿habría tenido relación con los viajes?

Sin lugar a dudas. Tenía unos 10 años cuando asistí a mi primera clase de inglés. Me quedé fascinada con el idioma y, desde ese momento, tuve claro que mi futuro profesional estaría relacionado con las lenguas. En su momento barajé la posibilidad de estudiar filología o turismo, pero pronto me decidí por T&I. Estudiar traducción me ha abierto muchas puertas a la hora de trabajar en el extranjero, así que mi vida en sí ya es un viaje. De no haber estudiado traducción seguramente habría optado por otro tipo de estudios de carácter internacional, o simplemente me habría ido a estudiar al extranjero.

De todas las ciudades en las que te has establecido (Valencia, Berlín, Estocolmo, Turín, Luxemburgo y Bruselas), ¿cuál te gusta más para vivir y por qué?

¡Difícil elección! En cada uno de los lugares en los que he vivido me he sentido como en casa. Es cierto que me suelo adaptar fácilmente a nuevos entornos, culturas y formas de vivir, pero es que en cada una de estas ciudades he vivido experiencias que han marcado mi vida y que han determinado, en mayor o menor medida, mis ganas de seguir explorando nuevos países. Bruselas me encanta. Puede que no sea la ciudad más turística del mundo, o que el clima no siempre acompañe (véase el invierno perenne al que estamos sometidos en pleno mes de abril), pero tiene un toque multicultural y cosmopolita que he visto en muy pocas ciudades. Un ejemplo de ello es la oficina en la que trabajo: 70 empleados de 26 nacionalidades y 20 idiomas distintos.

Halconviajes.com Entrevista Gloria

Gloria es traductora y ha vivido en seis ciudades diferentes

Puede que por ello sea precisamente una de las ciudades mejor conectadas de Europa, elemento decisivo a la hora de organizar viajes.  Turín, como la mayoría de ciudades italianas en las que he estado, es ideal para vivir en muchos aspectos: la comida es fabulosa, el clima es agradable, no necesitas disponer de un vehículo para moverte por ella, los precios son razonables, la costa está relativamente cerca y, al mismo tiempo, tienes las montañas a poco más de una hora. Berlín me enamoró desde el momento en que puse un pie en ella. Vanguardista y tradicional, elegante y alternativa, la capital alemana es dos (¡o tres!) ciudades en una. No me lo pensaría dos veces a la hora de mudarme a Berlín por una buena temporada, sinceramente creo que tiene de todo. Con Luxemburgo tengo una relación algo más complicada. Es, sin lugar a dudas, una pequeña ciudad con un encanto enorme. Puede que no se encuentre dentro de mi lista de prioridades tanto por su alto coste de vida como por su tamaño reducido. No soy precisamente amante de las grandes urbes, pero en algún momento sentí la necesidad de “emigrar” a Bruselas y perderme entre la multitud.

Pero si solo me dejáis quedarme con una, ahí va mi preferida: Estocolmo. Algunos pensaréis: ¡pero si allí hace un frío que pela! Sí y no. Como dicen los suecos, “No existe el mal tiempo, solo la ropa inadecuada”. En Suecia pasé uno de los mejores años de mi vida y sí, puede que haya idealizado en cierta manera esta belleza nórdica que me robó el corazón, pero es que hay que vivirla para entenderlo. Entre sus muchas ventajas destacaría que no hay apenas tráfico, puedes moverte en bicicleta o en transporte público a todas partes, el sistema de seguridad social es increíble, la educación es gratuita (incluso la superior), el 95% de sus habitantes vive a menos de 300 metros de alguna zona verde, el casco antiguo es de una belleza arrebatadora… incluso el frío y duro invierno tiene su encanto: la primera vez que caminé sobre el lago congelado de Brunnsviken casi se me saltan las lágrimas de emoción. La oscuridad invernal se ve compensada con la luminosidad de los meses de primavera y verano, y el frío de la calle contrasta con la calidez del interior de las casas y establecimientos. Ay, ¡me está entrando una melancolía en estos momentos!

Tienes buena memoria para las sensaciones. ¿Puedes darnos tres que se te hayan grabado para siempre en tus viajes?

Pues la verdad es que tengo una infinidad de momentos grabados en la memoria… pero así, echando la vista atrás destacaría los siguientes:

Navan (Irlanda), agosto de 2001: ¡la primera vez que me enfrentaba al mundo en inglés! Era la primera vez que “salía de casa”, con mis 16 años y mis ganas de comerme el mundo. Ese verano llegué a un pequeño pueblo irlandés en el que pasaría un mes explorando una cultura distinta y mejorando un idioma que distaba mucho de ser perfecto. Recuerdo claramente ese momento en el que mi familia de acogida llegó al aeropuerto  para recogerme: no entendía ni una sola palabra. “Esto mejorará” –me dije a mí misma en ese instante. Y vaya que si mejoró.  Tras ese viaje supe que mi camino estaba inevitablemente más allá de las fronteras de mi país y que, en algún momento de mi vida, emprendería el vuelo para cumplir mis sueños.

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Puesta de sol en Härnösand en Suecia.

Härnösand (Suecia), julio de 2010: hace unos años, cuando vivía en Estocolmo, tuve la oportunidad de pasar un auténtico fin de semana sueco con la familia de un amigo en una pequeña isla al norte de Suecia. Sauna, baño “refrescante”, arenques, chupitos de licor… y una maravillosa puesta de sol a media noche en la que el sol no llegó a ponerse por completo. A eso de las 23h empezó a descender hacia el horizonte y los amarillos y naranjas vivos que desprendía se oscurecieron por unos momentos para dar paso a un nuevo amanecer. Una de las estampas nocturnas más bellas que he visto nunca y que se me ha quedado grabada en la retina.

Auschwitz (Polonia), mayo de 2010: en el puente de mayo de 2010 hice una escapada a Polonia con un pequeño grupo de amigos. Durante nuestra visita a Cracovia y dada la proximidad, pensamos que sería una buena idea acercarnos a Auschwitz, el tristemente famoso campo de concentración. Nunca olvidaré esa sensación de angustia e impotencia al recorrer las tétricas instalaciones del complejo y al ver y tocar las alambradas del campo, las mismas que coartaron la libertad de tantas personas y seguían ahí, oxidadas y desafiantes. «Quien olvida su historia está condenado a repetirla».

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El campo de concentración de Auschwitz

En tu blog encontramos recomendaciones gastronómicas. ¿Qué es lo que no podemos dejar de probar en Bruselas y dónde podemos degustarlo?

Quien visita Bruselas no puede marcharse sin probar sus especialidades: gofres, cerveza, chocolate, mejillones… y patatas fritas.  Sí, ya sé que es una combinación un tanto sui generis, pero qué os voy a contar de las costumbres gastronómicas de mi país de acogida. Aunque no soy una gran fan de las frites en general, sé dónde conseguir las mejores de toda la ciudad: Maison Antoine, en La Place Jourdan, una friterie situada en las proximidades del barrio europeo e inaugurada en 1948. En cuanto a la cerveza, os recomiendo pasar por Delirium Cafe. Es una de las cervecerías más frecuentadas de Bruselas, con una carta de hasta 2000 cervezas, muy cercana la Grand Place y con un ambiente bastante juvenil. Para comer un buen gofre, tan solo hay que acercarse a cualquier quiosco donde los estén haciendo en ese momento. No hay nada como un gofre caliente y crujiente recién sacado del molde. Por cierto, los belgas los suelen así tal cual (nada de nata montada, nutella o

trozas de plátano), o como mucho con algo de azúcar espolvoreado por encima. No es un lugar céntrico, pero mis favoritos los venden en la parada de metro de Rodebeek, justo al lado del Woluwe Shopping Centre. Es una tortura esperar el metro mientras te invade ese olor dulzón a gofre que te nubla los sentidos. ¡Un auténtico peligro para conservar la línea! Para degustar una buena cazuela de mejillones o para comer pescado o marisco en general, cualquiera de los coquetos restaurante que encontraréis por la zona de Santa Catalina, a pocos metros de la Bolsa, será una apuesta segura. Mi salsa favorita para acompañarlos es la marinera. En cuanto al chocolate, lo cierto es que la oferta es inmensa y se puede adaptar a todos los gustos y bolsillos. Mis  bombones favoritos son los de Godiva, con decenas de tiendas repartidas por toda la capital. En temporada también tienen unos pinchos de fresas recubiertas de chocolate (blanco, con leche o puro) que son de otro mundo… ¡estoy empezando a salivar ya!

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Puglia, en Italia

Te apasiona Croacia y queremos conocer tu recomendación de interior y de costa.

Hace unos cuatro años recorrí esta joya de país de norte a sur y me enamoré de la belleza de sus playas paradisíacas. Desde las ruinas romanas de Pula a Dubrovnik, la perla del Adriático, pasando por la bella  Zadar, la histórica Split y la pintoresca Trogir. Difícil elección, pero echando la vista atrás y rebuscando entre mi colección de imágenes mentales, me quedo con la Isla de Hvar, un remanso de paz y belleza natural durante el día y uno de los ambientes más animados de la noche croata. Si tenéis la oportunidad de explorar el interior del país, no dejéis de visitar el impresionante Parque Nacional de los Lagos de Plitvice, situado en la región de Lika, un paraje donde se alternan lagos, manantiales y cascadas de una belleza espectacular.

¿Qué destino no europeo te apetece más explorar?

Aunque la lista es bastante extensa, lo primero que me viene a la cabeza es la próxima escapada que tenemos planeada para el próximo mes de mayo: ¡Nueva York! Hace tiempo que espero el momento perfecto para visitar esta urbe que a todo el mundo enamora y me alegro de haberme decidido de una vez por todas. Estaré varias semanas en el continente americano, así que tengo planeadas alguna que otra excursión a ciudades como Boston, Filadelfia y Washington. También tengo muchísima curiosidad por explorar un continente que me es totalmente desconocido: Asia. Me apasionan su cultura y su gastronomía, y sus idiomas me despiertan una terrible curiosidad. No hay fechas todavía, pero lo cierto es que espero añadir algunos destinos asiáticos a mi cuaderno de bitácora en breve.