Hey Hey World

Los ojos curiosos e inquietos de Marina recorren el planeta. Tras pasar por el filtro del buen gusto literario y fotográfico, y una vez elegidas las palabras y las combinaciones acertadas,  podemos disfrutar del  puzle de experiencias, imágenes y sensaciones que invaden a la viajera (¿o es a la periodista?) en Hey Hey World. A partir de julio dará la vuelta al mundo y no pensamos perdérnoslo.

Halconviajes.com Entrevista

 ¿Cuándo supiste que viajar iba a ser un proyecto en tu vida?

Que el viaje se convirtiera en modo de vida no ocurrió por casualidad. Si bien todos aquellos primeros viajes con mis amigas, cuando recorrimos Europa durante tres verano consecutivos, marcaron mucho ese ritmo que me hacía desear dedicar todo mi tiempo y dinero a ver el mundo, la decisión definitiva llegó durante el año que pasé en Bruselas, quizá porque el hecho de vivir por primera vez sin ningunos de los antiguos tótems (cambian las caras, cambia la ciudad, cambian las rutinas, cambian los horarios) provocó también una transformación  en la mirada.

Rusia Halconviajes.com

Fue entonces cuando deseché algunos de los patrones culturales autoimpuestos y decidí que sí se podía elegir cómo llenar tu tiempo de la forma que a uno más le convenza. Estamos hablando de hace unos tres años; por entonces esta fiebre del viaje que estamos viviendo ahora no era tan visible. Los que viajaban, no llevaban consigo ordenadores ni cachivaches, y los ecos del mundo nos llegaban en oleadas, en el boca a boca y, sobre todo, a través de los libros y las revistas. Aquel año en Bruselas planeamos el que sería mi primer gran viaje a Asia (y digo “gran” por el poder que tuvo de cambiarme en ciertas cosas) y las primeras horas en Kathmandú las recuerdo con absoluta nitidez, por la impresión, por la sorpresa, el susto, los olores tan fuertes, ese caos vital.

¿Siempre llevas puesta la chaqueta de periodista y la de viajera? ¿O a veces vistes una sin la otra?

Últimamente sí, porque ahora estoy metida en el huracán de la escritura, y los viajes –físicos e imaginarios- siempre han tenido mucho que ver en todo esto. De hecho, una cosa no podría existir sin la otra, probablemente, porque forman parte de la misma maquinaria que me hace rodar. Sin embargo algunas veces me sorprendo diciéndome a mí misma: esto no lo quiero contar. La escritura (el periodismo también, pero hablo en un sentido más amplio) tiene algo muy extraño, y es que en el momento en el que relatas una experiencia poniendo todo tu cuerpo y todo lo de dentro también sobre el papel, esas historias parecen que dejan de pertenecernos. Por eso en algunas ocasiones he decidido simplemente guardar la cámara y el cuaderno y apagar esa mirada que se apropia de las cosas y de un modo u otro va construyendo argumentos a medida que el viaje avanza. Puedo dejar de ser periodista (de hecho, la mayoría del tiempo no siento que lo esté siendo) pero no puedo dejar de ser escritora, y durante el viaje es cuando más me doy cuenta de que todas las vivencias, paisajes, palabras que se agarran al vuelo y no se comprenden más allá de lo que significa por sus sonidos, y todas las demás cosas que van apareciendo a los costados del camino son, en realidad partes de un libro no escrito que lo contiene todo.

Vietnam  Halconviajes.com

El Cuaderno Rojo es una sección en la que la literatura y alguna imagen son las protagonistas. ¿Recuerdas el libro que mejor te haya trasladado a un lugar del mundo?

El Cuaderno Rojo nació porque cada día descubro nuevos textos, fotografías, trabajos de otras personas, poemas que me encantaría que el resto del mundo pudiera disfrutar tanto como yo. Y sobre los libros, la lista  es interminable. Los libros buenos, a mi parecer, son aquellos que logran responder preguntas que todavía uno no ha acertado a hacerse. En ese sentido, disfruté plenamente del Portugal angosto de Tren nocturno a Lisboa, de Pascal Mercier. Cada vez que lo releo la ciudad aparece reconvertida, moldeada a lo que espero de ella. Fantástico. Además, me gusta cada vez más leer los relatos de mujeres que de una manera u otra viajaron por el mundo y se preguntaron acerca de él. Lejos de África, de Isak Dinesen,  por ejemplo, me hizo darme cuenta de que el mundo no solo son paisajes y que no se puede vivir desde fuera, como a través de un cristal. Lo que me impresionó es la profundidad con la que su autora pudo comprender a la gente con la que convivía; dudo que ni siquiera pudiéramos hablar nosotros de esa manera de los que nos rodean aquí, en nuestra propia cultura. Si escarbamos un poquito más la tierra, llegamos de forma inexorable a Anaïs Nin. Las ciudades se convierten en lugares íntimos en su compañía. Leer sus diarios es un verdadero placer.

Estos últimos días he estado leyendo Los Mares de Wang, del escritor catalán Gabi Martínez, y me parece el ejemplo perfecto de hacia dónde tiene que ir la narrativa de viajes en los próximos años. Sus relatos son un gran descubrimiento.

 Banda sonora de camino a… (elija tres lugares)

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De camino a La Habana, al ritmo del son cubano de Ibrahim Ferrer y su canto a Marieta.

En un coche cruzando los bosques de la Europa más norteña, Travelling, de los canadienses Paper Lion.

Bajo las estrellas del desierto del Sahara, el grande Ibrahim Maalouf y las melodías de Beirut.

Ver el mundo a través de los ojos de un viajero es diferente a verlo a través de alguien que además de viajero, es periodista. ¿Hasta qué punto es distinto?

 No lo es tanto. El viajero entrena una mirada que es propia de los que queremos contar historias. El viajero, así como el periodista, siempre está ávido de detalles, lo toca todo, lo huele, juega con los sentidos primero para captar cada una de las sensaciones que producen las formas del mundo. Después el periodista –el escritor- lo lleva un paso más allá: reconstruye todas esas sensaciones, vistazos, esboza primero esa parte sensorial y luego se ocupa de darle significado e interpretar lo vivido.  El viajero quiere conocer el mundo y comprenderlo. El escritor, además, quiere que los demás lo conozcan a través de él.

 Algunas experiencias o historias que te ha emocionado encontrarte y sobre todo, poder contar.

O incluso algunas que no he contado nunca, más que entre amigos. Cuando estuvimos en Cuba, conocimos a un grupo de chicos cubanos en el callejón Hamel. Lo que parecía que iba a ser el típico timo para turistas recién llegadas acabó convirtiéndose en una reunión en la que nos sentimos amigos de confianza. Ellos nos contaban su pasado, sus fronteras tatuadas en la piel, y cantaban canciones de cuando les metieron presos por haber salido de su provincia. Ellos interpretaban su propio mundo, al que nosotras acabábamos de acceder en calidad de observadoras. Cuando lo recuerdo, siempre me llena esa sensación de que podría ser tan fácil cambiar las cosas y sin embargo no lo es. Otra experiencia que solamente he comprendido en retrospectiva fue el tifón Soala en Filinas en 2012. Cuando estábamos allí, encerradas sin poder abandonar la isla de Negros, no éramos conscientes de que el resto del país estaba bajo el agua. Pocos días después sobrevolamos Manila y vimos el poder de destrucción de la naturaleza. Escalofríos.

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 ¿Próximos proyectos?

Llevo un año en Barcelona y ya empiezo a notar esa fiebre del viaje surgiéndome en alguna parte, así que en febrero me voy a Malasia (a lo que espero sean unas vacaciones al uso, sin ordenador, sin móvil, sin nada de nada, aunque sé que al final no voy a poder contenerme) y a partir de julio de 2014 una amiga y yo comenzamos una vuelta al mundo, que hemos apodado “Rodamón”, y comenzará en Perú y a través de Sudamérica sin planes de regresar. Hasta que los grandes viajes lleguen, sigo colaborando con los talleres de escritura de viajes de caminomundos.com, empezamos una nueva edición en enero y ya tenemos pensadas nuevas ideas para 2014.

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