The Chocolate Boutique Hotel

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Bournemouth es una población de la costa sur de Inglaterra que constituye un popular destino turístico para los habitantes del país, una especie de Benidorm british que basa su atractivo en un clima más templado, ocho kilómetros de playa y buenas comunicaciones (que incluyen un aeropuerto). Era, por tanto, el rincón nacional más propicio para fundar un negocio tan curioso como The Chocolate Boutique Hotel.

Sería el sueño de Willy Wonka, el personaje de la novela de Roald Dahl. O de Hansel y Gretel. Porque no hace falta dominar el idioma para traducir el nombre: se trata de un hotel temático dedicado al chocolate, que inunda todos los espacios del lugar, privados y comunes.

Es un hotel boutique, como lo demuestra el hecho de que sólo cuente con trece habitaciones que responden a nombres alusivos a la tierra originaria del cacao, tan sugerentes como Aztec, Maya, White Chocolate, The Montezuma Suite, Seventy Percent o The Chocolate Truffle Suite, entre otros. Todas descritas por el propio establecimiento como scrumptious, delicious o sweetest. Por si aquí sí hiciera falta traducir, son exquisitas, deliciosas y la más dulce.

Todas están decoradas en tonos marrones y blancos, por supuesto, desde las paredes a almohadas y cojines, pasando por el cuero de los sofás. Cuentan con chocolatinas diarias y el equipamiento adecuado para una estancia confortable: TV LCD, baño con amenities, cargador para gadgets, máquina de té/café (y chocolate, claro). Incluso un pack de películas donde este dulce es el protagonista, como la antes aludida Charlie y la fábrica de chocolate o la francesa Chocolat.

En cuanto a servicios hay que citar la conexión Wi-fi gratuita, la inclusión del desayuno en el precio, un aparcamiento libre y la posibilidad de varios tratamientos y terapias holísticas de pago aparte, como masajes indio y tailandés, reflexología, aromaterapia y muchos más. También hay un bar en el que el chocolate es ingrediente de clásicas fondúes con frutas o de atrevidos cócteles (¡algunos mezclados automáticamente por una máquina!).

En ese sentido hay que citar una singular actividad para sublimar las vacaciones de los adictos al producto derivado del cacao: el maridaje con vinos diversos u otras bebidas que enseña el maestro chocolatero Laurent Gerbaud. Otra: pintura con chocolate y leche. No son las únicas, pues también hay degustaciones, clases de cocina e incluso elaboración de chocolates con formas artísticas.

¿Más? Talleres de chocolate, fines de semana chocolateros, fiestas infantiles y otros eventos, en los que además se puede contratar una fuente que mana chocolate líquido. Al fin y al cabo, esto último era el negocio original que tenían Gerry y Roo, los dueños, antes de abrir el hotel en 2006 y expandir imaginativamente su negocio.