Internet a bordo, tan rápido como en casa

La conectividad a bordo sigue siendo la gran asignatura pendiente de todas las aerolíneas. Y es que si bien es cierto que cada vez más compañías ofrecen la posibilidad de conectarse a Internet en el avión desde el propio dispositivo móvil, lo cierto es que este servicio es lento, y sobre todo muy caro con respecto al precio del mismo servicio en tierra.

Pero las cosas podrían cambiar si llega a concretarse el reciente acuerdo anunciado entre Inmarsat, compañía británica de satélites de telecomunicaciones, y Honeywell, la gran multinacional proveedora de sistemas aeroespaciales con sede en Estados Unidos. El proyecto lleva por nombre Global Xpress y consiste en una red que proporcionaría cobertura mundial, haciendo del Wi-Fi a bordo un servicio tan sencillo como rápido, y (quizá) algo más barato.

Una conexión por satélite

Las dos formas actuales de tener conectividad en los aviones son mediante estaciones de telefonía en la tierra y a través de señales satelitales. A día de hoy la primera es la más extendida, a pesar de sus evidentes limitaciones como el estar condicionado a sobrevolar tierra, lo que puede ser suficiente en un vuelo de Tenerife a Vigo, pero anula cualquier posibilidad de conexión en los vuelos de largo recorrido y transoceánicos.

La iniciativa proyectada por Inmarsat y Honeywell se basa en la segunda opción, la de las señales por satélite. A partir de la utilización de tres satélites de apoyo las dos grandes compañías esperan poder ofrecer una cobertura global, de banda ancha, rápida, y con precios algo más accesibles que los actuales.

Los antecedentes

Parece que fuera ayer cuando los primeros aviones con Internet a bordo aparecieron en 2003. Iniciativa de Boeing gestada en 2001, el sistema se llamaba «Connexion by Boeing» y permitía a los pasajeros conectarse a través de señales de alta velocidad de los satélites geoestacionarios y receptores especiales instalados en la aeronave.

Sin embargo, con la histeria colectiva y la desconfianza surgida tras los atentados del 11 de septiembre, el proyecto no pudo ver la luz hasta 2003 y tras muchos problemas finalmente quedó anulado en 2006 por falta de socios y capital. Cuando el 17 de agosto de 2006 Boeing anunciaba que suspendía el servicio porque el mercado no se había materializado según lo esperado, poco imaginaba que transcurridos seis años la necesidad y el deseo de navegar a bordo sería tan fuerte como para incentivar grandes proyectos como el de Inmarsat y Honeywell.

Si todo va bien, es posible que en poco tiempo tengamos la posibilidad de conectarnos a Internet en los aviones gracias a este innovador sistema que emplea en todo el mundo el mismo proveedor y equipamiento. De esta forma el servicio de Internet a bordo dejaría de ser un lujo o algo del futuro para convertirse en un servicio más, como el que disfrutamos en nuestra propia casa.