Jules' Undersea Lodge, recordando al Nautilus

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¿Eres submarinista? ¿Te gusta bucear? Entonces hay un hotel que parece diseñado a tu medida: el Jules’ Undresea Lodge, que te ofrece la posibilidad de alojarte bajo el agua en un ambiente de intimidad total y comunión con el hábitat existente en el mar.

Para ello tendrías que pasar tus vacaciones en Key Largo, el cayo más grande del estado norteamericano de Florida, enclavado en pleno Caribe y que no hay que confundir con el cubano que dio título a la película de John Huston. Tras un vuelo a Miami y mediante la Overseas Highway (U.S. Highway 1), hay que dirigirse al Lago Esmeralda, donde está Key Largo Undersea Park.

En realidad, el hotel no fue concebido como tal. Diseñado por Ian Kublick y puesto en marcha en los años setenta, originalmente era un laboratorio oceanográfico subacuático que se utilizaba para estudiar el fondo marino de las aguas de Puerto Rico, aunque después fue trasladado al citado lago. De hecho, hoy en día sigue desarrollando proyectos de investigación, aunque se ha abierto la entrada a huéspedes para aprovecharlo mejor y conseguir un extra de financiación.

Ello implicó el cambio de nombre, pasando de llamarse La Chalupa a Jules’ Undersea Lodge en homenaje a Julio Verne, el visionario escritor francés cuya obra 20.000 leguas de viaje submarino es una referencia constante en ese sitio. Sin duda, la estancia lleva la mente inevitablemente hacia el Nautilus y el capitán Nemo.

El hotel consiste en una estructura de forma trapezoidal con una división interior en dos secciones separadas por un pasillo: una acoge dos dormitorios de un par de metros de longitud con sus respectivas pequeñas piscinas de acceso y la otra una zona común para alojar la cocina (con nevera y microondas), el comedor y sala de estar, dotada de libros y DVD. En el pasillo se sitúa el baño, donde no falta una ducha con agua caliente. El conjunto tiene 55 metros cuadrados de espacio admitiendo un máximo de cuatro personas y un mínimo de dos, aunque depende de la cantidad de equipaje que lleven, claro.

Pero la estancia es más atractiva que estar en un submarino porque hay tres grandes ojos de buey con cristal de cuarenta y dos pulgadas. El más grande es un ventana de ciento seis centímetros que proporciona vistas del exterior y sus varipintos habitantes de múltiples especies tropicales, desde peces loro a barracudas pasando por las anémonas y moluscos del fondo. Al fin y al cabo se está a nueve metros de profundidad.

Por eso para alojarte en el Jules’ Undersea Lodge te piden que seas buceador titulado o, al menos, realizar un cursillo de tres horas que te permita aprender nociones básicas de submarinismo y seguridad. Por lo demás, el propio hotel facilita botellas de oxígeno y equipo para salir a explorar las inmediaciones. Es algo que va incluido en el precio, no precisamente barato (en torno a 400 dólares por noche y persona), junto con una cena bajo el agua y un desayuno.