Jumbo Stay, un Boeing 747 transformado en hotel

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Ya sabemos que dormir a bordo de un avión no es precisamente sinónimo de comodidad, salvo que lo hagas en uno de esos asientos totalmente abatibles que ofrecen algunas aerolíneas en clase Business; el resto del pasaje tiene que tirar de estoicismo y arreglárselas para encontrar una buena postura, quizá con la ayuda de algún cojín, para poder conciliar el sueño. Pero es algo que ocurre en vuelo; si el avión no despega la cosa cambia ¿no?

Al menos hay un caso en que el aparato no es un medio sino un fin. No lo usarás como transporte sino como alojamiento. Y no lo emplearás para viajar al país deseado para tus vacaciones; te hospedarás en él si dicho país es Suecia. Hablamos del Jumbo Stay.

Si eres aficionado a la aviación sabrás que Jumbo es el nombre comercial adjudicado a uno de los aviones más emblemáticos que surcan los cielos actualmente, fácilmente reconocible por su joroba en la mitad delantera del fuselaje para albergar doble piso: el Boeing 747. Pues bien, Jumbo Stay reaprovecha un antiguo 747-212 que la ya desaparecida aerolínea sueca Transjet retiró del servicio en 1976; antes había pertenecido a Singapore Airlines y la legendaria Pam Am.

En 2007, la aeronave fue trasladada a la entrada del aeropuerto de Arlanda, en Estocolmo, como adorno. Pero al año siguiente hubo que moverla para construir un párking y al empresario Oscar Diös se le ocurrió comprarla por 100.000 dólares y reformar el interior para reconvertirla en hotel. Abrió al público en 2009.

Antes le habían quitado los 450 asientos para transformar la cabina en un establecimiento de 27 habitaciones, con un total de 76 camas (un par de literas en cada una). Esas habitaciones miden una media de 6 metros cuadrados por 3 de altura y están equipadas con monitor de plasma y conexión Wi-Fi. Por evidentes razones de espacio, los baños son compartidos.

Pero también aquí hay clases. Eso sí, con otros nombres: en lugar de Business, la suite que se sitúa en la cabina de pilotaje, a la que se le han dejado instalados los paneles de control para que conserve el encanto temático: ¿quién no quiere visitar una cabina de mando? En este caso se va un paso más allá: ¿quién no quiere dormir en la cabina de mando? La suite tampoco es mucho más grande pero cuenta con baño propio.

Por último, decir que no es estrictamente necesario hospedarse en Liv, que así se llamaba el avión, para poder verlo. Se puede hacer un pequeño tour por dentro e incluso subir al segundo piso, donde se ha instalado una bonita cafetería lounge. Sin duda, una experiencia curiosa.