La nueva generación de aeropuertos (I): ocio personalizado

Atrás quedaron aquellos tiempos en los que el aeropuerto era un lugar frío y gris donde verse atrapado durante horas si tu vuelo se retrasaba o te veías obligado a realizar una larga escala. Desde la década de 1990, con Europa y Estados Unidos a la cabeza, los aeropuertos han evolucionado para convertirse en auténticos centros de ocio donde el viajero puede llegar a olvidar el verdadero motivo que le ha llevado allí: tomar un avión.

Es la nueva generación de aeropuertos, ahora liderada sin lugar a dudas por Asia, cuyos mejores ejemplos encontramos en el Aeropuerto Internacional de Incheon (mejor aeropuerto de 2012 según los World Airport Awards) y el Aeropuerto Changi de Singapur.

Sus signos de distinción: infinitas posibilidades de entretenimiento, mayor comodidad y las últimas tecnologías puestas a disposición de sus pasajeros, tanto para su ocio y trabajo (¿alguien dijo Wifi?) como para hacer los trámites de facturación y embarque mucho más sencillos.

Un concepto de ocio personalizado

Ya no es suficiente con instalar un par de salas de cine o una zona de butacas de masaje. Los mejores aeropuertos saben que para destacar tienen que ir un paso más allá, ofreciendo no sólo una experiencia placentera y divertida, sino también personalizada y que recuerde al viajero dónde está. En palabras de Chris Oswald, presidente del Consejo Internacional de Aeropuertos, “localizar la experiencia, decir algo de la ciudad donde se encuentran”.

Así tenemos por ejemplo al Aeropuerto de Las Vegas, en cuya Terminal 3 se han instalado 260 máquinas tragaperras. Curioso, ¿verdad? Si voláis a Miami, descubriréis que las tiendas de lujo van desde Coach a Emporio Armani y Montblanc.

En el aeropuerto de Amsterdam – Schiphol, del que ya hemos hablado en varias ocasiones, el Holland Boulevard cuenta, además de con numerosos locales donde probar la gastronomía local, con una biblioteca dedicada a la literatura holandesa y una exhibición permanente del Rijksmseum de acceso gratuito.

Y cómo olvidar a los asiáticos: quienes vuelen desde el aeropuerto de Seúl Incheon se encontrarán con el Museo de Cultura Coreana (con reliquias que se remontan 5.000 años atrás) así como espacios culturales donde los pasajeros pueden entretenerse, por ejemplo, aprendiendo a hacer sus propias artesanías o escuchando un concierto de arpa.

Pero de poco sirve una experiencia de ocio personalizada si los pasajeros no se sienten totalmente cómodos o no tienen a su disposición las últimas tecnologías. Todavía queda mucho por decir acerca de esta nueva generación de aeropuertos; seguimos hablando de ello el próximo día.