La vida en un velero: Viajes Aleatorios.

En las entrevistas Halcón nos embarcamos desde hoy en el Alea, un velero, hogar itinerante de Johan y Silvia. Este gran equipo náutico nos contará cómo es el día a día en un velero, qué lugares han visitado, y qué hace falta para emprender un viaje así y hacer de ello el día a día. Nosotros les conocimos a través de su bitácora de viajes online Viajes Aleatorios
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El Alea en aguas de San Blas

¿Cómo comenzó y cómo se materializó la idea no sólo de salir a recorrer el mundo, si no de hacer de ello una forma de vida?

Lo cierto es que nos conocimos siendo ya jóvenes maduros. Vivíamos a 400 km de distancia y nos pareció que no teníamos tiempo que perder en las autopistas y que si queríamos estar juntos teníamos que “inventarnos” un futuro en el que pudiéramos eliminar la distancia. Dedicamos una semana a pensar y todos los planes que se nos ocurrían pasaban por intentar tener una temporada larga cada año para viajar. El viaje era una constante en nuestros deseos. Johan propuso la idea del velero y a mí me pareció genial. Un velero es suficientemente grande como para llevar todo tu hogar a cuestas. El problema de esta propuesta -que sin duda nos pareció la mejor- era comprar un velero lo suficientemente pequeño para poder gobernarlo solo entre los dos y lo suficientemente grande como para poder tener a gente a bordo que compartiera un tramo de nuestra aventura y al tiempo ayudara a llenar la caja de a bordo. Así encontramos al Alea hace ya 8 años!

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Johan y su pesca: un atún

Tenéis un blog de bricolaje, un conocimiento que seguramente os sea imprescindible para navegar y tener en perfectas condiciones el Ala. ¿Qué más  conocimientos son imprescindibles?

Cuando compramos el barco optamos por un casco y poco más, en ese momento teníamos más tiempo que dinero y decidimos restaurarlo nosotros mismos.

Fueron 18 meses de trabajo intenso y exclusivo; entre los dos le dedicamos más de 12.000 horas. A veces miramos atrás y leemos el blog www.sailingalea.blogspot.es  y aun nos parece mentira que todo eso lo hayamos hecho nosotros.

Todo lo relativo a la náutica es muy caro así que para navegar por el mundo o tienes el bolsillo lleno o sabes hacer el mantenimiento en mayor o menor medida tú sólo; y en cualquier caso, una avería en mitad del océano, en la noche, no hay billetera que te la resuelva. Vivir a bordo exige cierto nivel de autosuficiencia. Johan es ingeniero y alguien interesado en cualquier cosa técnica. Hasta hoy sigue siendo el mecánico, soldador, electricista, informático… y tantas cosas más

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Silvia en cubierta

Por lo demás no creo que se requieran otros conocimientos específicos. Tal vez sería más correcto hablar de actitudes ante la vida. En nuestra vida se conocen muchos amigos pero nunca son “duraderos”, conoces, disfrutas y dices adiós hasta que en el nuevo destino vuelves a conocer a gente nuevo. La convivencia de pareja es más intensa porque el espacio es más pequeño. Si esas cosas -y otras muchas- no te parecen mal ya tienes medio camino hecho para embarcar

¿Cuál es la parte más difícil de vivir en un velero?

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Silvia, en plena faena

Hay un dicho holandés según el cuál si consigues salir por la puerta para iniciar un viaje ya tienes la mitad del viaje hecho.

Creo que la parte más dificil de vivir en un velero es soltar amarras, dejar atrás la forma de vida conocida y lanzarte a algo nuevo. Dejar atrás a la familia y a los amigos (las nuevas tecnologías te mantienen cerca pero aun no saben suplir un abrazo o una caricia); como te contaba los nuevos amigos acostumbran a irse casi tan rápido como han llegado; el espacio es pequeño y en caso de discutir con tu pareja no siempre es fácil lo de salir a dar un paseo o ir al cine para dejar reposar la situación. Pero yo diría que eso no es tanto una dificultad como una diferencia: la vida a bordo te obliga a ser más consciente del otro, a ser más franco, a buscar soluciones más rápido.

Otra dificultad -en nuestro caso que vivimos viajando y no solo a bordo pero instalados en un puerto fijo- es que cuando has descubierto los trucos y maneras de un país ¡amaneces en el siguiente! A veces cuando vas al super de un país y compras productos locales, cuando descubres que te gustan ya hemos cambiado de sitio y no hay como ir a comprar más. Son todo pequeñas tonterías, pero están ahí… por no hablar de cómo echas de menos un buen bocadillo de jamón, sin ir más lejos.

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San Blas es un archipiélago al Este en el Canal de Panamá

En seis años nos han pasado tantas que es difícil elegir una. Te cuento que una vez estábamos fondeados en una isla de las Cicladas, en la noche cambio el viento y no estábamos cómodos, ni siquiera sabíamos si el barco estaba seguro. Salimos a cubierta y mirábamos cómo tiraban las amarras. En ese momento D’Artagnan -sí, sí, el mismísimo espadachín- empezó a llamar a Johan por su nombre; en un inglés escaso le explicó que el lugar no era bueno para pasar la noche, nos indicó dónde ir, cómo llegar y nos dijo que él iba en coche por lo que llegaría antes para ayudarnos con la maniobra. No dábamos crédito, nos mirábamos uno al otro como si hubiéramos visto una alucinación. Pero aun asi decidimos seguir las indicaciones de nuestro “fantasma”.

Llegamos al lugar indicado y D’Artagnan nos ayudó como había prometido, el barco y nosotros estábamos en un lugar seguro y bien amarrados. Bajamos a tierra y resultó ser un tripulante de otro barco que habíamos conocido semanas antes en otra isla. ¡Regresaba a casa después de celebrar el carnaval en el pueblo!

Afortunadamente en el mundo del mar la gente es especialmente solidaria y en este caso -afortunadamente- nosotros no nos habíamos vuelto locos ni nuestro salvador era un ser llegado de una novela.

La próxima semana podréis leer la segunda parte de esta entrevista en la que nos contarán, entre otras cosas, sobre el paraíso caribeño en el que se encuentran ahora mismo: la isla de San Blas, en Panamá. 

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