Las maravillas de la Tebas egipcia

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Una de las visitas inexcusables si has decidido pasar tus vacaciones en Egipto es acercarte a Luxor. Ciudad moderna erigida sobre las ruinas de la antigua Tebas y que descansa plácidamente en la ribera del Nilo, fue capital del Imperio Nuevo milenio y medio a.C, y ello ha dejado un patrimonio monumental impresionante que te recomendamos no perderte.

Tebas es el nombre griego de una urbe que Homero describió como «la de las cien puertas» (las que abrían sus murallas) y que en realidad se llamaba Uaset (en alusión al emblema representativo del poder del faraón), puesto que Luxor es una palabra que deriva del nombre que los romanos pusieron al campamento desde donde controlaban la zona.

¿Por qué hay que ir a Tebas? Porque constituía el principal centro de culto al dios Amón, cuyos sacerdotes alcanzaron tal grado de poder y riqueza que la famosa etapa monoteísta amarniense en favor de Atón (disco solar) protagoonizada por Akhenatón era más bien un intento para debilitar a esa casta.

Pero el culto a Amón se rehizo y hoy nos queda su colosal legado arquitectónico y artístico, plasmado en el conjunto de templos que se alzan a ambas orillas del río, así como en los valles de los Reyes y las Reinas que encontrarás cruzando a la otra ribera e internándote un poco en el desierto.

Seguramente el más imponente sea el Templo de Karnak, Patrimonio de la Humanidad. Un complejo enorme que, como era habitual, experimentó sucesivas ampliaciones entre las dinastías XI y XIX. Sus medidas hablan por sí solas: un centenar de hectáreas, casi dos kilómetros de longitud por uno de ancho, un obelisco gigante de treinta y dos metros (hoy en Roma)…

A destacar especialmente su sala hipóstila de cinco mil quinientos metros cuadrados con ciento treinta y cuatro enormes columnas, el lago sagrado y un sinfín más de recodos y rincones. También las espectaculares esfinges que flanquean una avenida de dos kilómetros que lleva hasta el vecino Templo de Luxor.

Éste, erigido en honor de tres dioses tebanos (Amón, Mut y Jonsu), es célebre por los relieves que Ramsés II mandó esculpir narrando la batalla de Qadesh y por los dos colosos que hay enfrente representando a este faraón. También aquí hay una gran columnata, la de Amenofis III y uno de sus obeliscos se conserva fuera, en París.

Más cosas que ver en al ciudad son el Museo de Luxor (donde se exhiben numerosas estatuas) y el de la Momificación (que ilustra sobre el desarrollo de dicho proceso). Al otro lado del Nilo te esperan los Colosos de Mennón (dos estatuas sedentes de Amenofis III de dieciocho metros de altura y construidas con un único bloque de piedra cada una), el templo de Ramsés III en Medinet Habu y el de terrazas escalonadas de la reina Hatshepsut en Deir el-Bahari, entre otros.

Algo más al interior están los mencionados valles de los Reyes y las Reinas, donde se reúnen los hipogeos de los faraones fallecidos, entre ellos el de de Tutankhamón. Pero son tantas las maravillas disponibles que nos quedan muchos posts por delante para ir reseñándolas.