Los calientacamas humanos de la cadena Holiday Inn

Calientacamas humanos cadena Holiday Inn

Hace unos días dedicamos un post a tratar sobre la cada vez más difundida existencia de menús de almohadas para que los cuellos no sufran extrañando la de casa, así como de la limpieza de sábanas y la posible alternativa de que los clientes más recalcitrantes lleven la suya en la maleta gracias a algunas empresas que comercializan una especie de sacos enrollables. Pero se puede ir más lejos. Hay huéspedes para todos los gustos y algunos tienen unos niveles de exigencia que dejarían en mantillas al mismísimo Philleas Fogg.

Hay quien no aguanta meterse en una cama fría. Y como a veces no basta con la calefacción de la habitación para subir la temperatura del interior de las sábanas, la cadena Holiday Inn tuvo una idea para solucionarlo que bascula entre lo ingenioso, lo divertido y lo estrambótico: calientacamas humanos. Fue hace un par de años y no sé si aún ofertará este insólito servicio que me suena más a promoción publicitaria, pero el caso es que se anunció que lo aplicarían en, al menos, tres hoteles de Reino Unido.

Al parecer la idea surgió por las quejas de un cliente en el contexto de una ola de frío que azotó Gran Bretaña en el invierno de 2009. Para esos caso el hotel en cuestión disponía de mantas eléctricas pero no hubo bastantes para todos y a un empleado se le ocurrió tumbarse unos minutos antes que él para ir calentando la cama. Por increíble que parezca esta iniciativa no sólo sentó cátedra sino que incluso se aplica de acuerdo con un psicólogo, que determinó el momento adecuado para que el cliente llegue y se encuentre ya la temperatura adecuada.

Así que si uno se aloja en los Holiday Inn de Kensington Forum, Kingston South o Manchester Central Park y tiene frío cuando se dispone a acostarse, que sepa que puede solicitar -gratis, por cierto- este peculiar servicio: dos empleados se presentarán en su habitación vestidos con una especie de mono integral, más guantes y gorro blancos para garantizar la higiene, y se tenderán sobre el lecho un rato hasta que éste alcance una temperatura entre 20 y 24 grados.

Y que nadie piense cosas raras (es decir, más raras aún) porque se van antes de que uno llegue a la habitación.