Consejos para evitar el mareo en barco (II)

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¿Recuerdas nuestros consejos para evitar el mareo en barco que te dimos en un post anterior? No es cosa de broma. Los que se marean con facilidad, sea en coche, autobús, barco o avión, lo pasan fatal y a menudo desestiman muchas posibilidades por miedo a pasarse las vacaciones enfermos. Hay gente que descarta la idea de embarcarse en un crucero precisamente por eso y es difícil que se dejen convencer de lo contrario aunque se les asegure que con tiempo normal y en un navío grande probablemente no notarán nada.

Otros, en cambio, se arriesgan. Y ahí entramos ya en todo un mundo, el de cada uno. Unos se marean gravemente, otros nada; los hay que lo pasan mal en coche y, por contra, vuelan en avión tan tranquilos o viceversa; también hay que advertir que si la mar está realmente movida suele afectar a casi todos, tripulación incluida.

Es algo que tiene demostración histórica ¿Has oído hablas del almirante Horatio Nelson, el vencedor de Trafalgar? Pues ya ves, uno de los marinos más famosos de todos los tiempos se mareaba tanto al embarcar que empezaba sus viajes postrado en su camarote, hasta que se le pasaba unos días más tarde.

Volvamos sobre el tema de los consejos. Ya te hablamos de la biodramina (con o sin cafeína), de la comida (evitar el alcohol, beber soda) y de la elección adecuada de la cabina (interior y en cubiertas inferiores, que es donde menos se percibe el movimiento del navío y, encima, son más baratas). Pero hemos preguntado a cruceristas más o menos veteranos y nos han sugerido algunos trucos más.

Aclaremos que a algunos les funcionan y a otros no porque, insistimos, cada persona es distinta y nos sólo tiene un sentido del equilibrio mejor o peor (está localizado en el oído interno y es el responsable de la cinetosis) sino que interviene también la psicología.

Una propuesta clásica es la de comer manzanas verdes (con piel y muy despacio, que lleve varios minutos) porque se dice que ayudan a aliviar los síntomas habituales (vómitos, dolor de cabeza…). De hecho, a veces las reparte el propio personal de a bordo, especialmente si está previsto cruzar una tormenta. Es un remedio fácil y económico que que se suma al clásico de chupar medio limón.

Otra, aún más curiosa, la usan los propios marineros basándose en técnicas tradicionales de acupuntura: hacer presión en la muñeca, concretamente sobre las venas, manteniéndola de alguna forma. Se suele recomendar introducir algo pequeño entre la correa del reloj y la piel, pero también se comercializan pulseras especiales para ello (como la de la foto, pero hay que poner una en cada brazo); tienen una bolita por la parte interior que es la que aprieta el punto adecuado. No todos creen en su utilidad.

La respiración es importante y siempre hay que tomar grandes bocanadas, expulsándolas de forma lenta y metódica. A la vez, conviene fijar la vista en un punto, preferiblemente en un ángulo de 45º sobre el horizonte. Por supuesto, si hace mucho calor, mejor retirarse a donde haya aire acondicionado. Y nada de leer.

Una opción complementaria es reservar el viaje con una compañía cuyos barcos estén dotados de estabilizadores. Son una especie de aletas que se despliegan desde el casco, bajo la superficie y que sirven para disminuir el balanceo del buque. Desde 2000 los llevan todos los navíos, al igual que los depósitos inundables laterales para contrarrestar el viento de costado.