Mozambique: Guía rápida con Ana Vega

Ana Vega es periodista, su carrera profesional se ha desarrollado en el ámbito de la comunicación y coordinación en ONG. Interesada en el desarrollo y las relaciones internacionales, Ana es también una inquieta viajera, que como comunicadora gusta de contar sus aventuras. Hoy nos lleva hasta Mozambique.
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Niños jugando a barcos en la marea baja de Vilanculos Foto: Ana Vega

¿Qué te empujó a emprender un viaje a Mozambique?

Me lo recomendó una amiga que había viajado hacía años por diferentes países africanos. Me dijo que la gente era muy amable y que podría desenvolverme bien sin saber hablar inglés. Con los años, aprendí a hablar inglés, pero Mozambique no se me quitó de la cabeza.

¿Qué tipo de viajero podrá quedar satisfecho con un viaje a Mozambique? A pesar de que se está desarrollando el turismo de sol y playa, es probable que quienes viajen allí lo hagan con otras inquietudes…

En general, el Mozambique de carretera (que es el que yo conocí) le puede gustar a gente que busque un gran contraste con su vida diaria (tomando de referencia España) y sepa prescindir de comodidades.
Mozambique es considerado un paraíso para los aficionados al buceo. Yo iba con idea de corroborarlo, pero durante esas semanas las condiciones de la mar no permitían salir a los barcos. Me perdí eso y otras cosas llamativas, como el avistamiento de tiburones ballena frente a Tofo. Pero las playas son magníficas y hay islas que son paraísos.

¿Cómo planeaste el viaje? ¿Salió según lo previsto o hubo lugar para la improvisación?

La verdad es que no lo planeamos mucho. Sólo sabíamos que estaríamos casi un mes y que queríamos ir de sur a norte siguiendo la carretera principal en transporte público. La idea era parar en lugares de costa y algunas ciudades, pero no teníamos un especial empeño en ninguna. Lo decidiríamos según avanzase el viaje, teniendo en cuenta las recomendaciones de la gente que nos encontrásemos. Compramos quince días antes los billetes a Maputo desde Londres (que salía bastante más barato) y reservamos un vuelo de Nampula a la capital a un mes vista, para asegurarnos que llegaríamos al vuelo de vuelta.

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Interior de un machibombo Foto: Ana Vega

A pesar de que no llevábamos casi nada cerrado, teníamos muchas ideas para hacer cuando llegásemos, sobre todo en costa. Pero se nos fueron desmontando una a una según se acercaba un ciclón por el norte. No modificamos nuestro itinerario porque según salimos de Maputo, una riada dejó incomunicada por tierra a la capital con el resto del país, asique seguimos hacia el norte y alcanzamos a llegar hasta Ilha antes de la fecha de vuelta.

En realidad, el relato del viaje es una sucesión de imprevistos, generalmente por el transporte. Era complicado conseguir información de las conexiones y los tiempos de espera hacían imposible cualquier planificación, porque todo dependía de si había gente suficiente para viajar o no. Podías llegar a esperar días. Hicimos todo el recorrido en chapas y machibombos, furgones muy viejos en los que entraba la gente con calzador y que a veces se averiaban. Hay algunas formas de viajar más cómodas, pero nosotros elegimos esa.

Danos un Top5: lugares, momentos, gastronomía… ¡Todo vale!

1) El paisaje de la playa de Vilanculos con la marea baja vista desde la duna roja.
2) Las telas que llevaban las mujeres atadas a la cintura, que se llaman capulanas en Mozambique.
3) Una tarde jugando con niños en Ilha.
4) La cena que nos ofrecieron en un pueblo pequeñito una noche sin suministro eléctrico, y los bailes de después.
5) Y, sobre todo, mis acompañantes y su sentido del humor. Porque también puedo haceros un top 5 de momentos de pasar miedo y/o creer morir, y gracias a estas tres personas recuerdo cada día con anécdotas divertidas.

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Mujeres con capulanas en el mercado de pescado. Foto: Ana Vega

¿Qué recomendaciones harías a alguien que quiera viajar al país?

Lo que deben hacer: que se dejen llevar por el ritmo del país y disfruten de la lentitud. Cuanto antes se rindan, más disfrutarán. Que coman anacardos y se tomen su tiempo en elegir las capulanas. Que dormiten a mediodía y salgan de noche. Mosquitera, cuerda y tapones de oídos.
Y lo que no deben hacer: que no se fíen de la Lonely Planet, porque la señora que escribió esa guía o no ha estado allí o iba con chófer y no necesitó nunca un mercado (es algo mejor la guía Bradt, pero no es buena tampoco). Si planean subir más al norte de Beira en transporte público, que lo piensen dos veces y, si siguen en el empeño, que tengan cuidado con los policías (“piden” dinero). Y, ya puestos, que no paren en Quelimane.

¿Qué te sorprendió durante el viaje o qué prejuicio te dejaste por el camino?

No llevaba muchas ideas, es lo que tiene no preparar un viaje, que llegas desubicada. Quizá el precio de las cosas. Todo era mucho más caro de lo que pensaba.

Seguro que tendrás miles de anécdotas de un viaje así. ¿Cuál de todas nos cuentas?

Recuerdo sobre todo los días de espera del ciclón en Vilanculos, compartiendo con la gente de allí. Su forma de esperar el desastre, de explicarnos que el pueblo ya había sido destruido años atrás por un ciclón parecido y su aplastante teoría de que es mejor pasar los vientos huracanados en una choza de madera y palma que en una casa de ladrillo. Sus risas nerviosas viendo el noticiario. La experiencia de quedarnos pegados a un transistor de un mercado repitiendo palabras en portugués que no entendíamos. Temer al mar y al viento. Ver cómo pasaba el tiempo quietos en lo que debía ser un viaje de carretera. Verlo, literal… porque el tiempo pasaba con el paso de las nubes. Y Funso (así se llamaba) quiso tontear, frenar, ir hacia Madagascar, volver hacia Mozambique y finalmente desinflarse casi por arte de magia entre los dos países.

Si tuvieras que definir esta aventura en unas pocas frases…

En la revista del vuelo de vuelta de Nampula a Maputo encontré un artículo que recogía la esencia del viaje. Decía algo así: “O caminho é tudo e o destino é nada. Isto parece-me um pouco mais verdade em Moçambique do que nos outros lugares do mundo que conheço. Náo porque os “ligeiros atrasos” sáo por vezes náo só ligeiros mas também frequentes, mas porque a viajem nos resguarda momentos muito especiais. E por vezes temos a ilusão de estarmos num país sem fim, onde cada viagem parece não ter um porto definido”.