Noruega, un viaje por los fiordos más grandes de Europa

Noruega, tierra de dioses, de mitos, leyendas, de paisajes espectaculares que incluyen, como no, los fiordos más grandes de Europa y algunos de los más largos del mundo. Este es un viaje por los fiordos, algunos, de este país increíble del norte de Europa. 

Noruega, un viaje por los Fiordos

1.- Oslo

Opera de Oslo_

Si, efectivamente, Oslo, la capital de Noruega no tiene ningún fiordo espectacular, pero en algún lado había que empezar este recorrido noruego, y Oslo es la ciudad que más conexiones aéreas tiene con el resto de Europa de todo el país. Cuando llegues al aeropuerto, además, sabrás que estás en Noruega. No por el frío, sino por la calidez de la madera con la que están decoradas sus paredes y sus suelos.

Dejando de lado al aeropuerto, Oslo es una ciudad de gente joven, con un espíritu de juventud europea muy marcado. Están, como es lógico, esperando que salga un rayo de sol para disfrutar de sus múltiples terrazas y de las pintas de cervezas, que corren a raudales por los bares.

Destaca entre otros monumentos el edificio de la Ópera de Oslo, con sus figuras geométricas y la posibilidad de poder andar, correr o patinar por su tejado. También es buen lugar para disfrutar de una vista panorámica de la ciudad. Cerca, el edificio donde se entregan los premios Nobel de la Paz y el Ayuntamiento.

Si decides perderte un poco por las calles de Oslo seguro que llegas a la fortaleza de Akershus, erigido en plena Edad Media como castillo medieval y que actualmente es un mausoleo de los reyes noruegos, algo así como el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial en España.

2.- Tren de Flåm

Dicen que el tren que va hacia Flåm es el recorrido más bonito del mundo y, desde luego, no les falta razón. Para llegar hasta ahí tendrás que coger un tren en Oslo dirección Bergen, y bajarte en la parada de Myrdal. Eso sí, antes pasarás por increíbles montañas nevadas en las que no querrás que se estropee el tren y tengas que bajar. Sí, hace frío.

Tren de Flam

Una vez en la estación de Myrdal, deberás coger el tren que baja hasta Flåm. Es el tren que salva una pendiente mayor de toda Europa, y sus 20 kilómetros de recorrido son un espectáculo de montañas, ríos, cascadas y, finalmente, el gran fiordo.

3.- Sognefjord

viaje por los fiordos Sognefjord_

204 kilómetros de longitud y 1038 metros de profundidad máxima son solo dos cifras que te pueden hacer a la idea de este fiordo majestuoso. Protegido por la UNESCO en 2005, te sentirás muy, muy pequeño, entre esas montañas y esa inmensidad de agua.

El recorrido habitual es coger un ferry en el mismo puerto de Flam y, en este caso, bajar hasta Bergen, en el extremo oeste del país. Durante este recorrido el ferry irá haciendo determinadas paradas en pequeños pueblecitos que viven en el ecosistema del fiordo. Se calcula que son alrededor de 300.000 personas las que, de una manera u otra, viven en las inmediaciones del gran fiordo.

Al final del recorrido, que suele durar unas 4 horas y media, podrás vislumbrar también otro de los paisajes característicos de Noruega: las plataformas petrolíferas, que le han convertido en el primer productor de crudo de Europa y el séptimo exportador a nivel mundial.

4.- Preikestolen

viaje por los fiordos Preikestolen_

Hemos bajado un poco más al sur, hasta Stavanger, ciudad que alberga el Museo del Petróleo y cuyo aeropuerto es uno de los pocos que tiene una terminal exclusiva para helicópteros, debido a que es el centro neurálgico de los trabajadores de las plataformas petrolíferas del mar del norte.

Pero si hemos venido hasta aquí es para embarcarnos en una excursión que nos llevará en ferry hasta Tau y desde ahí en autobús hasta Preikestolhytta. Este es, digamos, el campamento base. Desde ese punto, una caminata de más de dos horas por un camino que a veces llanea pero, por lo general, es ascendente y por rocas.

Al final del camino, la recompensa. El «Púlpito» o Preikestolen. Una inmensa roca que se mantiene sobre el vacío. Abajo, a más de 300 metros de altura, el gran fiordo Lysefjord. Si hace buen día, tienes suerte y no hay bruma, el paisaje es espectacular. Si eres valiente, hazte la foto de rigor en el precipicio, pero cuidado con los selfies, no serías el primero que, por desgracia, se hace ahí su última foto.

Después, otras dos horas de bajada por el mismo camino. Los autobuses que van hasta Tau suelen estar hasta bien entrada la tarde-noche, pero no estaría de más que llevaras un horario para no quedarte en tierra. ¡Ah! Disfruta de las agujetas al día siguiente, habrá merecido la pena 🙂