Palacio Carrascalino, el sabor de la dehesa salmantina

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¿Hay algo más satifactorio y sibarita que alojarse en un palacio? Lujosas suites en vez de centenares de habitaciones clónicas, decoración exquisita en lugar de los muebles de serie, materiales de primera calidad frente a la funcionalidad, un ambiente individualizado y personal que evita que te conviertas en un número… Algo así podrás experimentar si eliges pasar unos días en el Palacio Carrascalino de Salamanca.

Está en una finca homónima de la dehesa salmantina, en Matilla de los Caños del Río, rodeado de un mar de encinas y fincas ganaderas. Una mansión de principios del siglo XX que ha sido sido restaurada conservando su estructura de piedra y la forja de sus ventanales y miradores, por donde la luz inunda hasta el último rincón, y una decoración de estilo afrancesado y sobrias tonalidades que contribute a crear una atmósfera de confort y tranquilidad.

El palacio dispone de habitaciones con camas king size con sábanas de algódón de 300 hilos y almohadas Hollofil para disfrutar de los mejores sueños. Amplios baños con secador y un equipamiento que incluye caja fuerte, aire acondicionado, TV de pantalla plana y conexión Wi-fi gratuita, constituyen modernidades que no están reñidas con los muebles clásicos y las espléndidas vistas a encinares y ganaderías.

Si además reservas la suite, gozarás de un mirador semicircular acristalado que te permitirá tomar en él tu desayuno mientras ves los jardines y el impresionante paisaje que rodea el palacio. Si no, tienes un buffet en el comedor, y ya te advertimos de que la cocina del Carrascalino no pasa desapercibida. Puedes saborear la excelente gastronomía de la dehesa salmantina, llena de tradición y arte culinario o disfrutar si lo prefieres de cenas a base de picoteo de ibéricos, ensaladas y carnes de la tierra. Imprescindible reserva previa, eso sí.

No es extraño, pues, que este hotel constituya un escenario magnífico para celebrar una boda o cualquier otro evento con elegancia y exclusividad unidas al cuidado de todos los detalles. Además del menú, se ofrece cóctel con cortador de jamón y acompañamiento musical a cargo de un pianista y un saxofonista.

Pero si te vas a alojar sólo para escapar de la rutina, el lugar pone a tu disposición la posibilidad de practicar lo que el propio establecimiento llama unas vacaciones slow life: cerrar los ojos y disfrutar del sonido del silencio, mientras haces alguna ruta de senderismo o recorres los caminos en una bicicleta paseando entre fincas ganaderas. Es más, puedes practicar la caza menor, disputar una partida de paint ball (para grupos), practicar el golf en un campo que hay a doce kilómetros o realizar el llamado Tour del toro bravo, una visita aganadería de reses bravas en todo terreno.

El Palacio Carrascalino se encuentra a media hora de Salamanca por la A2 y a menos de un centenar de kilómetros de la forntera con Portugal.