Palazzo Margherita, el primer hotel europeo de Francis Ford Coppola

Palazzo Margherita primer hotel europeo Francis Ford Coppola

El cineasta Francis Ford Coppola no sólo es conocido en el mundo artístico y empresarial por las geniales películas que ha legado a la historia del cine. Desde que se recuperó de algunos famosos descalabros económicos ha diversificado su actividad profesional y, al margen del mundo del celuloide, son conocidos sus vinos de California. En cambio ha pasado más desapercibida su vocación hotelera.

Y resulta que Coppola es dueño de cinco hoteles (en Nueva Orleans, Buenos Aires, Guatemala y, dos, Belice), que ahora ven incrementada el número con otro, el primero en Europa: el Palacio Margherita (Corso Umberto 64), colgado de una encantadora colina de la localidad de Bernalda, al sur de Italia, de donde era su abuelo Agostino.

Se trata de una gran mansión que construyó en 1892 la familia que le da nombre y que Coppola compró un lustro atrás, aunque ya se había enamorado de ella cuando la vio por primera vez a los veintidós años. En 2004, tras la adquisición, le encargó la remodelación al arquitecto francés Jacques Grange mediante un simple y divertido correo electrónico en el que se presentó como «el padre de Sofía Coppola».

El resultado es un establecimiento pequeño, de sólo nueve habitaciones, pero en las que se ha invertido todo el cariño de una empresa casi familiar pues, al igual que ocurre en sus filmes, el director ha recabado la colaboración de parientes como Gia, Roman y la propia Sofía, que se ocupó de la suite número 4 (y él mismo asumió la 9, de inspiración tunecina en homenaje al lugar natal de su madre). En todas se han instalado grandes pantallas para ver la selección de películas italianas disponible, así como iPods y Blue Ray/DVD, aparte de otras comodidades como Wi-Fi, amenities de baño, alquiler de bicicletas y masajes.

También hay un Family Bar gratuito y decorado en madera que se completa con el Cinecittá de enfrente del hotel y el del jardín; una cocina que ofrece menús caseros mediterráneos, un comedor y un jardín con pérgola. En general, la decoración combina frescos barrocos con elementos norteafricanos, y buena parte del mobiliario es original, convenientemente restaurado y enriquecido con un patio, un jardín y una piscina.

Esta atractiva oferta se puede ampliar en el entorno, con playa, museos, viñedos, villas que han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, etc.