Peticiones extravagantes en los hoteles

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Seguramente sabrás que médicos, enfermeras y auxiliares de vuelo suelen vivir experiencias y anécdotas inauditas, estrambóticas, muchas de las cuales ya se han publicado en antologías. Lo que no imaginas es que el mundo del hospedaje también tiene que pasar por situaciones así con relativa frecuencia. Y para demostrarlo, la cadena Best Western recopiló unas cuantas y también las editó en forma de libro en su momento. Aunque es algo que hizo hace ya tiempo, creemos que merece la pena contaros algunas porque son tan insólitas como divertidas: las peticiones más extravagantes que reciben los hoteles.

Cuando buscas alojamiento exiges, en principio, una habitación cómoda, limpia y no muy cara. A partir de ahí van subiendo las demanadas en función del nivel que desees y del precio que estés dispuesto a pagar. Así, la cama puede aumentar su confortabilidad con carta de almohadas o colchones, el baño hará otro tanto con hidromasaje, amenities, secador o albornoz, la TV con videojuegos o canales de pago, un minibar bien surtido, etc. También se puede enriquecer la oferta con flores, frutas, chocolatinas… Pero, a veces, se piden cosas más complicadas; cada cliente es un mundo, como verás.

Al parecer, cuando se trata de reservas para empresas y hay que alojar grupos el disparate se hace más frecuente. Best Western cuenta cómo tuvieron que rechazar una reserva de The Tall Person’s Club porque sus socios necesitaban camas de más de 2,20 metros, dada la altura que tenían, y el hotel no disponía de ellas. Igual de sorprendente fue un grupo que pidió habitaciones individuales para sus integrantes y un empleado que los vigilara toda la noche, ya que se trataba de un grupo de terapia ¡de maníacos sexuales!

Asimismo, se cuenta la historia de la empresa de máquinas cortadoras de césped que llegaba a la ciudad para una exhibición de sus productos y quería que el hotel dejara alta la hierba de sus jardines para que los empleados de esa compañía pudieran practicar. Y a veces hay casos surrealistas, como el de aquellos clientes que pretendían un menú cuyos alimentos fueran exclusivamente de color azul (!).

Quienes no son capaces de separarse de sus mascotas ni un momento y se las llevan de viaje, a menudo quieren que tengan comodidades como las de los humanos. Eso da mucho juego y así, no faltan peticiones de habitaciones dobles, con una de las camas para el perro o incluso clases de gimnasia canina.

La relación de extravagancias podría continuar y nunca dejaría de sorprender: solicitud de bajar el sonido del mar, una habitación situada a 45º de la puesta de sol, bañera llena de leche de determinada marca, serrar las patas de la cama por ser muy alta…