Recorrer la Muralla China, una experiencia inolvidable

Muralla_China
Son muy escasos los monumentos que cuentan con un lugar tan privilegiado en el imaginario popular y que generan un aura de leyenda, misticismo y una cantidad de mitos a su alrededor. La Gran Muralla China, a pocos kilómetros de Pekín, encaja perfectamente en este grupo y aunque quizás no le hacía falta publicidad adicional, su sitio entre las siete nuevas maravillas del mundo, la ha convertido en un sólido destino de vacaciones.

Las razones para tal honor están a la vista. Esta mega estructura se comenzó a construir en el siglo V A.C., sufriendo sucesivas reconstrucciones hasta bien entrado el siglo XVI de nuestra era. Su misión era la de proteger la frontera norte del Imperio Chino de los constantes ataques de los nómadas mongoles. Para tal fin, se levantaron aproximadamente poco menos de 9.000 kilómetros de muralla, una tarea sin duda titánica.

Su función defensiva por otro lado, no llegó a ser tan competente como se hubiese pensado, debido al alto mantenimiento que requería vigilar una extensión tan vasta. Más bien se descubrió con el tiempo su eficacia como medio para transportar todo tipo de mercancías, desde enseres hasta material bélico.

Uno de los mitos tejidos a su alrededor es el que declara que su trazado se puede ver desde el espacio, mito que por décadas se ha tomado como cierto. Sin embargo, a pesar de sus miles de kilómetros, la Gran Muralla China tiene un promedio de cinco metros de ancho y siete de altura, dimensiones imposibles de percibir desde el espacio. Valga decir que incluso numerosos astronautas lo han llegado a desmentir en entrevistas.

Actualmente se calcula que permanece en pie apenas un 30% de la muralla original, a pesar de los esfuerzos de restauración que se han hecho en muchos tramos. Aun así, existen diversos tramos que son perfectamente visitables a poca distancia de Beijing, convirtiendo su vista en una atracción muy apetecible.

Los tramos más populares son Badaling, Mutianyu, Huanghuacheng y Simatai, en especial la primera que fue sometida a un minucioso proceso de restauración y ha recuperado su aspecto original. Muy visitado por turistas, Badaling se encuentra a unos 80 kilómetros de la capital china y es muy sencillo contratar una excursión para visitarla, que incluye traslados y en muchas ocasiones una comida. Otra forma de verla es a través del teleférico, pero nada mejor que recorrer sus pasos, subir sus cuestas y sentir que pisas uno de los monumentos más famosos del mundo.

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