Ryanair estudia dar el salto a la larga distancia

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¿Recuerdas que hace unas semanas hablamos del Salón Aeronáutico de París? Poco después surgió una noticia que empalideció los últimos momentos del evento y que, de confirmarse, podría suponer una auténtica revolución en el sector aéreo: Ryanair estudia dar el salto a la larga distancia.

Así lo dejó caer su presidente y consejero delegado, el excéntrico Michael O’Leary, al decir que la inminente adquisición de nuevos aviones podría decidirles a acometer rutas transatlánticas. O’Leary se refería al colosal pedido de 175 Boeing 736-800 Next Generation que irán engrosando y renovando progresivamente la flota de la compañía irlandesa de vuelos low cost.

Y subrayamos lo de low cost porque la intención de Ryanair, si efectivamente termina dando el paso, es operar esos itinerarios con tarifas de bajo coste similares a las que ahora oferta en su red actual. Algo que dinamitaría, literalmente, el negocio de muchas líneas aéreas tradicionales, como ya ocurrió en la corta y media distancia.

Eso sí, Ryanair tendrá que cambiar algunos conceptos de su modelo de viaje. En primer lugar, será difícil ajustar tanto los precios y hacerlos depender de cargos opcionales como hasta ahora. Recordemos que actualmente cobra extras por facturar equipaje, imprimir la tarjeta de embarque en el mostrador, contratar seguro y escoger embarque prioritario, por ejemplo.

Además habrá que ver qué pasa con los servicios que se ofrecen a bordo, si se pagará aparte también por comidas y bebidas o se incluirán en el coste, si se dotará a los aviones de sistemas de ocio y entretenimiento, etc. Al fin y al cabo, la mayor parte de los pasajeros que hace esos viajes es por vacaciones.

Y otra cosa no menos importante: la distancia entre asientos deberá ser mayor, pues no es lo mismo volar una o dos horas de un extremo a otro de España, por ejemplo, que hacerlo durante 8 o 10 a algún destino de América, continente que parece ser el primer objetivo, especialmente EEUU. La idea, de hecho, es enlazar una quincena de ciudades europeas con otras tantas estadounidenses, aunque no hay nada concreto todavía.

Por último, habrá que ver si a la aerolínea no le queda más remedio que abrir una clase superior a bordo si no quiere ponerse límites en su clientela. Habrá pasajeros exquisitos a los que no les importen ciertas incomodidades si se trata de un trayecto breve, pero viajar al otro lado del charco es otra cosa. Por eso ya se ha planteado la posible creación de una Premium.