Sábanas y almohadas en el hotel

Sabanas y almohadas hotel

Llegas a la habitación del hotel después de un largo viaje, a altas horas por el inevitable retraso de vuelo y la dificultad de encontrar un taxi, y cargado con tres maletas. Encima tu habitación está en el cuarto piso y no hay ascensor (los que hayan viajado a Londres saben de qué hablamos). En tales circunstancias lo más probable es que uno esté deseando meterse en la cama directamente, sin apenas deshacer el equipaje, porque al día siguiente aguarda una dura jornada de visitas. Eso que en algunos sitios exóticos llaman, de cachondeo, «la dura vida del turista».

Y entonces descubres que el lecho donde se supone que debes descansar es algo parecido a un instrumento de tortura. Colchón demasiado duro o demasiado blando, almohadas muy altas o excesivamente bajas, sábanas que raspan o carecen del nivel de limpieza que uno esperaría… En muchos casos estas cuestiones son más fruto de la percepción personal que de la realidad porque, ya se sabe, donde mejor se duerme en tu propia cama y no hay otra igual.

Carta de almohadas

Bien, lo del colchón es imposible arreglarlo; hay que adaptarse y la experiencia dice que se consigue en poco tiempo. Otra cosa es el tema de la almohada porque el cuello corre peligro de tortícolis. Por eso cada vez se generaliza más entre los hoteles la existencia de una carta de almohadas, un menú donde el cliente puede elegir el modelo que más se parezca a lo que acostumbra usar.

En esta carta, presentada como las de los restaurantes, vienen diversos tipos, cada uno con forma, material y consistencia diferentes, de manera que resulta difícil no encontrar la adecuada. La mayoría son de una mezcla de poliéster y algodón, estando la variedad en el relleno: fibras siliconadas, plumas, imitación de éstas para evitar alergias, etc. En caso de duda hay que preguntar en el hotel y, en la peor de las situaciones, siempre queda el recurso de usar un cojín o una almohadilla hinchable de viaje.

Sábana propia

Más difícil es la cuestión de las sábanas. Se supone que al llegar a una habitación la ropa de cama ha sido cambiada y sustituída por otra limpia, especialmente el los establecimientos con un mínimo de nivel, pero a veces uno descubre que no se ha hecho. O sí pero hay viajeros especialmente maniáticos. Quien pertenezca este último grupo puede recurrir a TravelFresh, una marca que comercializa accesorios de viaje como almohadas, cubrealmohadas, antifaces para dormir, zapatillas y cosas por el estilo.

Entre ellas hay una especie de saco, suave y liviano, que se puede enrollar hasta alcanzar el tamaño del pasaporte, lo que permite llevarlo en la maleta sin ocupar demasiado espacio. Es como viajar con tu propia sábana. La hay individual y doble y es de poliéster 100%, por lo que la lavadora basta para lavarla. Incluso tiene un bolsillo para introducir una almohada y que ésta también quede aislada.