Sinewan, el mundo en moto

Llevaba tiempo pensándolo y un día decidió hacerlo. Dejó aparcada su vida en Madrid para arrancar su moto con destino a Sidney, donde llegó 9 meses después. Aquello fue en 2009 y Charly, autor de Sinewan, le ha cogido el gusto a esto y ha recorrido unos 40  países. Está a punto de comenzar una nueva ruta.  
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En Camerún. Foto: Sinewan.

Tras estas aventuras, ¿Podrías concebir tu vida sin volver a hacer un gran viaje en moto?

Prefiero no pensarlo. Llevo cuatro años combinando una vida rutinaria en Madrid con viajes largos por el mundo en moto. Desde Madrid hasta Sídney en ocho meses y después desde Madrid a Ciudad del Cabo en cinco etapas diferentes. Cuando viajo tengo la certeza de no estar perdiéndome nada, de estar donde tengo que estar. Desde que regresé del primer gran periplo he ido deshaciéndome de cosas materiales que me ataban. Ya no tengo prácticamente nada, gasto poco e invierto lo que gano en seguir estando donde creo que debo estar, viajando con mi moto y compartiéndolo con los lectores que me acompañan desde sus ordenadores. Narrar mis aventuras y sentir que otros también disfrutan con ellas se ha convertido en parte esencial de mis viajes, algo que le da mucho más sentido.

Eso no quita para que si tuviese que dejar de viajar, lo haría y me adaptaría. He visto muchas personas que amanecen por la mañana y su única pertenencia es un cuenco en el que transportar agua de un pozo que está a dos horas de su casa. Claro que podría concebir mi vida sin viajar, lo que no sé es si sería feliz.

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Cuando estás en lugares tan lejanos ¿Qué pequeños detalles son los que más echas de menos, y cuáles te hacen sentir como en casa?

A veces echo de menos a las personas más cercanas, pero sin dramas. Internet permite poder estar muy cerca de quien quieres a pesar de las distancias. Por el contrario una vida urbana estresante te puede alejar de las personas aunque vivas bajo el mismo techo. No se trata de verse sino de mirarse. Viajando tengo mucho más tiempo para pensar en la gente que quiero. Cosas materiales no echo de menos. Cuando vuelvo suelo pensar en cocido y jamón de jabugo, eso sí.

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Congo Kinshasa. Sinewan

La cercanía de los desconocidos que me encuentro en el camino ha hecho que me sienta como en casa en innumerables ocasiones, en diferentes sitios y con gentes muy dispares que terminan convirtiéndose en buenos amigos. Internet y las redes sociales también me acompañan cuando viajo, muchas personas que siguen lo que hago también se han convertido en amigos. Un comentario en un post o en una foto sustituye a un abrazo en depende qué ocasiones.

Has visitado muchos países, ¿Cuál de todos te ha fascinado más y por qué?

He visitado cerca de sesenta países. En moto creo que llevo cuarenta o algo así. No hay solo uno preferido, la lista la conforman varios. Coincide con los que en principio se consideran peligrosos. Irán, Paquistán, Indonesia, Nigeria, Angola y República Democrática del Congo, aunque algunos los he pasado demasiado deprisa. A todos ellos quiero volver alguna vez. Casi todos son países musulmanes, donde la gente es mucho más hospitalaria y se desvive con el forastero de forma exagerada. Por otro lado son países – casi todos – considerados de riesgo. Eso hace que apenas haya turistas y que por tanto, cuando pasas por sus calles se sientan honrados con tu presencia y te hagan sentir especial.

Viajando tanto aprendes a dejar de ser turista, en el sentido de visitar monumentos y en general lugares a priori fascinantes según las guías de viaje. Es el recuerdo de las personas el que realmente queda para siempre. Cuanto menos turismo hay más reales son las personas que conoces. La gente normal no quiere tus dólares, sólo desean conocerte y averiguar qué haces en su pueblo, con esa moto tan grande y solo.

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Un visitante en Nepal. Sinewan

¿Qué  es lo más importante que has aprendido de ti mismo tras recorrer tantos kilómetros?

Supongo que mucho más de lo que creo. He descubierto por ejemplo que soy nómada, que me gusta no saber dónde dormiré mañana y que puedo vivir con lo que cabe en tres maletas y no echar de menos nada. También que puedo gestionar momentos a priori complicados, como averías en mitad de la nada, corrupción o incertidumbre. Desde el principio de mis viajes fluyó esta actitud resolutiva de una forma natural, sin apenas inmutarme. También he descubierto que cuando viajo soy una persona muy paciente, cosa que aquí no. Muchas veces me preguntan qué hay que tener de especial para poder hacer este tipo de viajes. Siempre digo que lo único esencial es la paciencia. El tiempo fuera de nuestras fronteras occidentales toma una dimensión completamente diferente. Todo se soluciona, sólo hay que saber esperar y mientras tanto aprovechar para disfrutar de otras cosas. En este sentido he aprendido a saborear los pequeños detalles que a veces pasan desapercibidos en nuestra ostentosa vida moderna, pero que proporcionan más felicidad aunque no estén anunciados en televisión o cuesten una fortuna. De eso se aprende mucho observando a los niños en África, sin nada material pero con muchas menos carencias que nuestros niños mimados.

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¿Qué momentos te hacen pensar que todo merece la pena?

Amanecer dentro de la tienda de campaña en el Sáhara Occidental, junto a un acantilado en el que rompe el Atlántico y con el pueblo más cercano a doscientos kilómetros. Llegar a una misión católica perdida en una montaña del Congo y sentirme arropado por treinta personas que me observan como si fuese un extraterrestre. Visitarme una decena de iranís en la habitación de un hotel perdido simplemente para saber quién soy y traerme bandejas repletas de comida. Estar quince días parado en Indonesia esperando un repuesto para mi moto averiada. Tras ocho duras horas de trabajo de seis personas, sin parar para comer, que no me dejen pagar la factura de ninguna de las maneras. Gente muy pobre que me dan lo que tienen porque quieren ser parte de mi viaje, de una vida que nunca podrán tener. Que me visiten unos elefantes en un camping en Namibia, que lloren al despedirse unos amigos en Angola que me han cuidado varios días como lo hubiese hecho mi familia.

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Angola. Sinewan

En general son miles de veces las que me hacen pensar que todo el esfuerzo por viajar merece la pena, empezando por este momento en el que respondo acelerado esta pregunta. Podría seguir y seguir narrando momentos en los que me he sentido la persona más afortunada del mundo.

¿Ha habido algún momento en el que has pensado en abandonar y volver a casa?

No. Bueno, no. Más bien no. Nunca. Jamás.

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Angola, Sinewan

No recuerdo días malos en mis viajes. Nunca me ha sucedido eso que dicen otros viajeros que de haber tenido un botón para tele transportarse a casa, seguro que en alguna ocasión lo habrían presionado. Sí que he tenido momentos duros físicamente, el monzón en Indonesia con infección de garganta, una avería a las cuatro de la mañana en mitad de la selva, también en Indonesia, malos rollos con policías corruptos muchas veces, o pistas muy complicadas en Congo en las que acababa reventado al final del día. Da igual, nunca dejo de sonreír cuando viajo, incluso en esos momentos. Los peores ratos que he pasado viajando han venido siempre por la conexión con el mundo real. Suponiendo que el real sea el que se supone que es, cosa que cada vez dudo más 

Tendrás millones de anécdotas, ¿Cuál te viene ahora a la cabeza?

Podría estar horas contándote anécdotas. El mero hecho de aparcar en una cuneta suele deparar momentos muy cómicos en los que lugareños se acercan curiosos a observar lo insólito del tipo de la barba y la moto enorme. No entienden nada, por qué viajo solo y por qué con una moto que vale tanto como un coche. Fuera de nuestras fronteras occidentales la gente solo viaja si tiene algo que hacer. A estos momentos en los que converso en los aledaños de las carreteras, generalmente sin idioma en común, los llamo “Sandiriam”. Todo empezó en Flores, Indonesia, en un momento en el que además de darse una de estas típicas conversaciones, había dejado la cámara grabando.

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Desde entonces he seguido con la saga y dentro de mi blog hay un apartado para este tipo de vídeos. www.sandiriam.com

El próximo 13 de mayo comienzas un nuevo viaje desde Ciudad del Cabo. ¿Qué nos puedes adelantar?

Que será de nuevo un viaje largo, cuatro meses sin volver a casa. Entre 2011 y 2012 he bajado la costa oeste africana en diferentes etapas, ahora la idea es subir por la costa este sin parar. Sudáfrica, Lesoto, Suazilandia, Mozambique, Malawi, Tanzania, Kenia, Etiopía, Sudán y  Egipto. Si las condiciones políticas lo permiten intentaré costear el mediterráneo a través de Libia, Túnez y Argelia para cerrar el círculo africano. No será fácil porque los visados de esos países son complicados de conseguir, pero lo intentaré. A través de mi blog y de otros medios en los que escribo, así como los vídeos que voy subiendo a mi canal de youtube (charlysinewan), se podrá seguir el viaje casi en directo.

Un consejo para quienes estén pensando en emprender un viaje en moto

Sin duda que lo hagan. Hay que perder los miedos a la desconocido y lanzarse a la carretera. Los únicos dos días realmente complicados son el primero y el último, salir y volver. Casi nadie se arrepiente después de una experiencia de estas características. El riesgo es nunca poder dejar de hacerlo. Eso me ha pasado a mí, como te decía al principio no me imagino feliz sin hacer este tipo de viajes.

Carlos G.Portal

(Charly Sinewan)

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