Sudamérica de la mano de Daniel Gutiérrez Abella

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Alter do Chão, Brasil

Licenciado en periodismo y Ciencias Políticas y colaborador para diversos medios escritos y audiovisuales, Daniel Gutiérrez Abella es un apasionado de los viajes que un buen día lo dejó todo para recorrer Sudamérica en solitario y sin fecha ni billete de regreso. Actualmente es uno de los editores del blog de viajes Destinos Actuales, sitio donde comparte las experiencias de este gran viaje e imprime su sello en los destinos que continúa explorando.

¿Qué te inspiró a dejarlo todo y hacer un viaje por Sudamérica sin billete de vuelta?

La decisión de dejar un trabajo estable y mi ciudad de nacimiento, donde tengo amigos y familia, venía de atrás. Hacía muchos años que quería hacer ‘un gran viaje’ sin billete de vuelta, es decir, viajar libremente por alguna zona que desconociera del planeta con calma y sin rumbo fijo. Creo que no ha habido una sola persona o hecho que me haya inspirado a correr dicha aventura, pero sí es cierto que había estado leyendo las aventuras de varios blogueros viajeros anónimos que estaban conociendo mundo, y me preguntaba: “Si ellos lo hacen, por qué tú no?” Al final todo es mucho más fácil de lo que uno cree, el único momento a superar es comprar el billete de avión. Luego, todo viene solo.

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Daniel Gutiérrez Abella

¿Cuáles son las ventajas y desventajas de viajar solo?

Nunca había viajado solo ni tanto tiempo ni tan lejos. Y como todo en la vida, tiene sus pros y sus contras. La principal ventaja para mí fue la de tener completa libertad: para elegir dónde comer, cuánto gastar, dónde dormir, hacia dónde ir etc. Podía elegir el qué, el dónde y el cuándo. Además (y a riesgo de que suene a tópico), cuando uno viaja solo tiende a abrirse a los demás viajeros y a los autóctonos que se cruza por el camino. Un tercer motivo que descubrí estando de viaje es que me gustó tener tiempo para estar solo y pensar sobre cosas importantes de la vida. Viviendo en una gran ciudad y con un ritmo de vida intenso uno nunca se para a pensar en muchas cosas que son fundamentales.

Si el idioma no fue un problema, ¿cuál fue el mayor reto que tuviste que enfrentar?

No tenía claro si ir a Asia o Sudamérica, y elegí el continente americano por el idioma. En esta experiencia me apetecía conversar con los locales y poder conocer un poco más de un continente del que sabemos poco más que sus capitales o ríos. No obstante, en algunos puntos rurales de Bolivia o Perú me encontré con gente que apenas balbuceaba el español; fue muy chocante y enriquecedor. Tal vez el mayor reto que tuve que afrontar fue el de estar siempre atento para que no me pasara nada: no pasarme la parada de autobús por quedarme dormido; que no me tomaran el pelo; que no me robaran; encontrar cama libre al llegar de noche a un pueblo…al final desarrollas, sin darte cuenta, un sexto sentido que te hace estar pendiente de todo lo que te rodea.

Durante tu viaje, creaste los blogs Pachamama y No disparen al mensajero, donde aparte de documentar con detalle todas tus vivencias e impresiones del viaje, entrevistaste a periodistas locales. ¿Crees que nutrir un blog a la par que viajas condicionó tu forma de viajar?

El blog de Pachamama lo tenía de hacía tiempo. Era una bitácora experimental en el que volcaba cualquier tontería que me viniera en mente. Durante el viaje me sirvió para explicar a amigos y familiares en un solo post por dónde andaba y qué había vivido. Con el paso de las semanas empecé a añadir información que consideraba pudiera ser útil a los viajeros que se dirigían donde yo había estado. El caso de ‘No disparen al mensajero’ fue distinto. Cuando viajas tantos meses al final te pueden acabar sobrando horas, y me pareció una original manera de hacer algo productivo que ha quedado en la red para siempre. Fue un placer conocer la idiosincrasia de cada país a través de periodistas nacionales y corresponsales. Pienso que nadie tiene que sentir la obligación de crear un blog, que lo hagan simplemente aquellos que quieran. Y a mí no me condicionó en absoluto la manera de viajar, sino que me sirvió para dotarme de una rutina y disciplina durante el viaje.

¿Llegaste a recibir feedback por parte de tus seguidores? Si ese fue el caso ¿Tuvo algún tipo de influencia en el recorrido de tu viaje?

No tuve mucho feedback, la verdad, en parte porque tampoco los moví mucho en las redes sociales. Alguna vez recibí algún comentario de agradecimiento o que planteaba alguna duda, pero creo que, por lo general, los internautas solemos leer mucho y comentar poco. Dónde sí recibí muchos ánimos y mensajes fue en mi Facebook personal.

Parque Nacional dos Lençóis Maranhenses

Parque Nacional dos Lençóis Maranhenses, Brasil

De todos los rincones que visitaste, ¿cuál recomendarías por encima de todo?

Esta es una pregunta imposible de contestar. Depende de quién me lo pregunte. Si lo hace alguien que ama la aventura y la historia tal vez le recomendaría algún rincón de Bolivia o Perú como las minas de Potosí o el Machu Picchu. Para los excursionistas: Argentina o Chile, sin duda alguna. La soledad que sentí en parajes como el Calafate o la Pampa me encantó. Un par de destinos que desconocía y que me impactaron fueron los Lençois Maranhenses (Brasil), el Cabo de la Vela (Colombia) y el Parque Eduardo Avaroa (Bolivia). Lo ves, ¡imposible recomendar un rincón por encima de todo! 😉

¿Tienes algún consejo especial para aquel lector/a que quiera hacer un viaje de características similares y no consigue decidirse?

Mi decisión es que en un momento de arrebato compre el billete de avión de sólo ida. Luego ya tendrá tiempo de alquilar o vender el piso, pedir una excedencia en el trabajo y hacer mil fiestas de despedida. Si tiene un mínimo de ahorros y siempre ha querido hacer un viaje similar, se arrepentirá toda la vida si no lo acaba haciendo.

¿Cuál fue el mayor aprendizaje de esta aventura?

Pues básicamente dos. El primero ya lo intuía: el mundo es muy grande y yo vivo en una burbuja que nada tiene que ver con el resto del planeta. Y el segundo me sobrevino: aprendí a estar solo y a dialogar conmigo mismo.

Si pudieras volver en el tiempo al comienzo de tu viaje, ¿qué error no volverías a cometer?

Pues a toro pasado, seguramente procuraría abarcar menos pero disfrutar más de cada destino. Lo cierto es que sales con ganas de comerte el mundo, y a menudo pecamos de ir con la mentalidad occidental y querer ver muchas cosas. Viajando me di cuenta de que lo más bonito estaba en las pequeñas cosas.

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