Tengo una mochila que habla

Mírala, ya está otra vez reclamando atenciones. Llego del trabajo cansado, entro por la puerta: suelto la cartera, el móvil y las llaves, me dispongo a entrar en la fase “estar en casa tranquilo con el móvil desconectado y me enchufo una serie”. Y allí que la veo ¡como siempre! susurrándome al oído: Marbella, Marbellaaaaaa… ¡Alicante, Menorca, buuuhhh, buuuuhhh!!! Y eso que la tengo bien alimentada, porque me escapo de vez en cuando. De eso no se puede quejar.

Viajero con mochila

Viajar con mi mochila

Mi mochila, la muy atolondrada, no se da por satisfecha y cuando tengo un pico de trabajo más o menos continuado, clama con más fuerza para que la llene con cuatro cosas, y haga como Houdini: escapismo. Si hubiera que nombrar al santo patrón de las escapadas, sería Harry Houdini, que de escaparse de lugares imposibles hizo un arte, y que en el fondo, tiene mucho que ver con la profesión: eso sí, nosotros te enviamos a lugares más apetecibles ¡ojo! que conste en acta: que nuestros clientes cuando se escapan, se lo pasan pipa.

Fíjate lo que son las cosas, que ya no me asusta que con el estrés, mi mochila parlante me sugiera destinos a tiro de piedra (o a salto de vuelo, mejor dicho). Lo que me preocupa, es que cada vez apunta más a la larga distancia y últimamente me susurra: Tailandia, Bali, Japón… Y lo peor de todo, es que parece que me lo dice en serio, y sé que tarde o temprano acabaré por ceder. Tengo ya comprobado, que no acepta un NO por respuesta, porque siempre me termino escapando, aunque solo sean un par de días.

Creo que para que la relación con mi mochila parlante sea más honesta, debería ponerla al día de la situación de mi cuenta corriente: no quiero que se lleve un desengaño en sus ansias de ver mundo; pero espera… ¡que se lo acabo de decir!…¡Le he enseñado el extracto del banco! ¿Y sabes que me ha respondido la muy…? Que deje de fumar y que ahorre, que para eso trabajo. Eso es lo que me responde con suma insolencia la dichosa Tomasa Dos Asas, que así es como la llamo, no con poca guasa y rima facilona.

Que dice Tomasa, que ese no es su problema, y que quiere ver mundo, que para eso la compré. Porque el día en que me guiño el ojo en la tienda de maletas para que me la llevara, no lo hizo para que me conformara con un simple vuelo + hotel, o puente aéreo. Eso sí, debo reconocerlo: fue un amor a primera vista. Mi mochila y yo, estamos hechos el uno para la otra y viceversa.

Resoplo, expiro… porque sé que tiene razón: tengo que ahorrar. Y me tengo que poner un objetivo de aquí a tres meses, si quiero coger un vuelo que vaya más allá de Madrid, París, Ámsterdam, o Berlín; que es donde se suele hacer escala, cuando sales de Mallorca, y que me dé, además, para un Hotel de 4* porque de ahí, no bajo. Ya que me escapo, casi por obligación y por salud mental (para no seguir escuchando los reclamos de Tomasa), pues me escapo bien.

Eso sí, a ver de dónde quito para que me salgan las cuentas, porque a pesar de la magia que Houdini, patrón de los escapistas, pudiera crear en el escenario… no tengo noticias de que hiciera lo contrario con las finanzas o los ahorros, para hacerlos aparecer de pronto, al levantar el telón. Porque los ahorros, desconozco aun la razón concreta, no sé por qué, también tienden a escaparse y a desaparecer. ¿A ti no te pasa?

 

Miguel Lázaro 

Un ingeniero agrónomo cualquiera, que se perdió entre el mundo de los viajes y el de los datos. Bloguero políticamente incorrecto en personalidadyrelaciones.com desde 2007, y actualmente responsable del área CRM – Loyalty en Halcón Viajes