Un paseo por Florencia

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Florencia, la capital de la Toscana y de Italia misma durante seis años del siglo XIX, es una de esas ciudades que no te decepcionarán si decides pasar unas vacaciones en ella o hacer una breve escapada. Por sus preciosas calles encontrarás arte e historia a raudales, hasta el punto de que seguramente necesitarás volver en otra ocasión -o más- para verlo todo.

Aunque la ciudad existe desde tiempos romanos (nació de un campamento de Julio César), fue durante la Edad Media cuando alcanzó renombre por las guerras internas entre güelfos y gibelinos. Pero su esplendor, del que hoy nos ha quedado testimonio omnipresente, llegó en el Renacimiento.

Un paseo por Florencia equivale a retroceder en el tiempo. Puedes empezar, por ejemplo, por la basílica de la Santa Croce, un templo gótico abarrotado de obras de artistas famosos de distintas épocas (Giotto, Donatello, Ghiberti, Michelozzo, Vasari, Canova), muchas de ellas dedicadas a ilustres personajes como Miguel Ángel, Galileo Galilei, Dante Allighieri, Maquiavelo, Rossini…

El centro urbano turístico se sitúa en la plaza donde se alza la Catedral de Santa María de las Flores, con la impresionante cúpula diseñada por Brunelleschi (y una obra de Miguel Ángel en el museo catedralicio, una Piedad), el Campanile exento de Giotto y el Baptisterio, donde brillan con luz propia los relieves en bronce creados por Ghiberti para las que se terminaron llamando las Puertas del Paraíso, por superar a las realizadas por Pisano.

Unas calles más allá, no lejos del antiguo palacio de los Médici, te espera la basílica de San Lorenzo, la más antigua de la ciudad, en cuyo interior hay dos magníficos púlpitos de Donatello y las tumbas de los Médici que hizo Miguel Ángel. Y avanzando un poco, Santa María Novella, una iglesia muy fotogénica y representativa del medievo florentino, decorada con espléndidos frescos.

Baja ahora hacia el río Arno pasando ante el Palacio Strozzi y tuerce a la izquierda hasta la piazza de la Signoria, auténtico icono donde la silueta característica del Palacio Viejo (no te pierdas su Salón de los Quinientos) preside una célebre sucesión de estatuas: al aire libre, las de Cosme I, Neptuno, y Hércules y Caco, más las copias de Judit y Holofernes, David y Marzocco; al amparo de la Logia, en una galería a cubierto, el Perseo de Cellini entre otras muchas.

Intérnate por el callejón y llegarás a los Ufizzi, una de las pinacotecas más excelsas del país, con tablas de Giotto, Leonardo da Vinci y Botticelli (el famoso Nacimiento de Venus). En paralelo, la Galería de la Academia alberga la pieza estrella de Florencia, el indescriptible David de Miguel Ángel.

Al final de la calle espera el Ponte Vecchio, un puente con edificios encima donde antaño se desarrollaban los oficios tradicionales. Por él puedes cruzar el río y llegar al Palacio Pitti, una mole impresionante atribuida a Brunelleschi y que es fácil de reconocer no sólo por su tamaño sino también por su almohadillado externo.

¿Crees que habrías acabado la visita? Ni mucho menos; aún faltaría hablar de Santa Maria Anunziatta, la vistosa Piazza della Republicca, la iglesia de Orsanmichelle (con el San Jorge de Donatello), el Pórtico del Mercado Nuevo (con la tradición de acariciar el jabalí de bronce), el Museo Arqueológico (en el que verás la Quimera de Arezzo), la Piazzale Michelangelo (con fotogénicas panorámicas de la ciudad desde lo alto) y mil cosas más.