Uno de los hoteles más pequeños del mundo se alza en El Hierro


Si de disfrutar de un alojamiento único y en permanente contacto con la fuerza del mar se trata, en El Hierro, la más meridional de las Islas Canarias, se alza este, uno de los hoteles más pequeños del mundo.

Se trata del Hotel Punta Grande, ubicado en el municipio de Frontera, al noroeste de la isla y en un espigón de roca volcánica que se adentra en el bravío mar, cuyas olas rompen allí mismo, haciendo que este sea un espectáculo único desde dentro del establecimiento.

Pero además de ello, el hotel cuenta con otra característica singular. Claro, es que se trata de uno de los hoteles más pequeños del mundo. Con una superficie de 600 metros cuadrados, nueve metros de altura y un total de cuatro habitaciones dobles.

De este modo, para unas vacaciones en Canarias con un toque diferente, rodeados de la fuerza del mar y envueltos en una atmósfera increíble, este sitio es, sin dudas, una opción.

Es que el edificio, que fue en su origen un antiguo despacho de aduanas, hoy ha sido convertido en un lugar para alojar a los viajeros y ofrecerles un sitio tranquilo, diferente y con la posibilidad de dormir al son del sonido de las olas rompiendo debajo de su ventana.

Por su parte, la decoración interior del hotel sigue con la temática marítima, dado que para tal fin se han utilizado restos del desguace de barcos o de naufragios. Así, no es de extrañar que en las paredes o muebles puedan encontrarse brújulas, ojos de buey, cartas marinas, trajes de buzo y demás objetos propios de las embarcaciones.

Un hotel muy sencillo cuyas cuatro habitaciones cuentan con lo básico para hacer sentir al huésped muy cómodo, sin lujos ni detalles tales como televisor, minibar o teléfono.

En tanto, El Hierro, este archipiélago perteneciente a Canarias es un sitio ideal para relajarse, descansar y estar en permanente contacto con la naturaleza. Por ello, y para una experiencia diferente, el Hotel Punta Grande ofrece a los visitantes que se alojen en una de sus habitaciones, la posibilidad de pescar desde el balcón.

Sin dudas un rincón único, para sentirse parte del mar, captar su fuerza y llenarse de enegía.