Villa Escudero y su inaudito restaurante-catarata

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A veces, los hoteles no son originales en todas sus facetas sino que limitan ese toque diferente a alguna de sus instalaciones: una suite fastuosa, una piscina gigante, un restaurante estrambótico… Esto último es lo más destacado del filipino Villa Escudero Plantations and Resort.

Está ubicado en una antigua plantación de cocoteros de la provincia de Quezón (Filipinas), aunque originalmente había sido fundada, en el último cuarto del siglo XIX, por don Plácido Escudero y su mujer, doña Claudia Marasigan, para cultivar la caña de azúcar.

A principios del XX, el heredero del negocio construyó una pequeña central hidroeléctrica para suministrar energía al complejo. Ese salto de agua es hoy uno de los atractivos del lugar pero por razones muy diferentes.

Ello se debe a la transformación de la hacienda en hotel, abriendo al público la cascada en 1981 como atracción principal del Restaurante Labassin, a su vez uno de los múltiples y fascinantes servicios del establecimiento, que también incluye un museo de artesanía, un observatorio de aves, actividades deportivas de aventura (rafting en balsas de bambú) y espectáculos de folklore nativo.

Pero, sin duda, el gran incentivo de Villa Escudero es el restaurante. ¿Por qué? Porque no encontrarás ningún otro que tenga las mesas en medio del agua que cae desde la cascada; huelga comentar que, al contrario que en muchos sitios distinguidos, aquí no te van a exigir ir vestido para la ocasión.

O sí, pero en un sentido completamente distinto; evidentemente, nada de traje y corbata ni vestido de noche con tacones. Resultará más apropiado un bañador y llevar los pies descalzos para remojarte, si lo deseas, bajo la cortina de agua.

La curiosa experiencia se puede probar sin necesidad de ser huésped, pero alojarse en el Villa Escudero también es recomendable, ya que se trata de un lugar de ensueño que combina exotismo, exquisitez y relax