La Mezquita de Córdoba, una catedral única en el mundo

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En tiempos de crisis no está de más recordar que no es necesario viajar a tierras lejanas para descubrir monumentos históricos y obras arquitectónicas tan exóticas que, llegando a ellas con los ojos vendados, bien podríamos creernos en otro país, en otra cultura… estando a tan solo unos kilómetros de nuestra casa.Un buen ejemplo de ello es la Mezquita de Córdoba: esa maravilla del mundo que bien merece un viaje a una ciudad que ya de por sí es de las más bellas de España.

Si todavía no la conocéis, ya tenéis un motivo de peso para visitarla y de paso disfrutar de los muchos atractivos de Córdoba: buen clima garantizado, un centro histórico declarado Patrimonio de la Humanidad, y una rica cultura gastronómica capaz de satisfacer a los estómagos más hambrientos y los paladares más exquisitos al mismo tiempo. No es un mal plan para las vacaciones, ¿verdad?

Cuando uno piensa en Córdoba, la primera imagen que irremediablemente se le viene a la cabeza es la de su Mezquita; una mezquita que de hecho no funciona como tal desde la Reconquista de la ciudad en 1236, cuando fue reconvertida en catedral cristiana adoptando el nombre de Catedral de la Asunción de Nuestra Señora.

Sea como fuere, la Mezquita de Córdoba es una obra maestra de la arquitectura andalusí capaz de deslumbrar tanto por sus dimensiones como por su belleza, a la que sin duda contribuye la mezcla de estilos que dan forma a un templo de singular belleza con elementos propios tanto de la arquitectura arábiga como de la renacentista.

Durante la visita, son tantas las cosas por ver que os recomendamos hacerlo acompañados de un buen guía para no pasar nada por alto, ya que aunque resulta fácil sentirse abrumado ante la grandiosidad de su sala de oración y su bosque de 1.300 columnas, son muchos los detalles dignos de atención, como el hecho de que cada una de esas columnas lleve grabada la firma o marca de su cantero, o que su Mihrab (una obra de arte en sí mismo) esté orientado en dirección Sur y no hacia la Meca.

Y aunque disfrutar de la belleza del Patio de los Naranjos en un día de sol es un clásico que nadie debería perderse, si queréis vivir una experiencia diferente considerad la opción de hacer una visita nocturna: disfrutaréis del privilegio de descubrir la historia y secretos de uno de los monumentos más emblemáticos de España con el añadido de un juego de imagen y sonido que hará vuestra visita aún más mágica.