Visitamos el Anthem of the Seas (I)

Pues sí, visitamos el Anthem of the Seas, nuevo y flamante barco de la clase Quantum que estrenó hace muy poco Royal Caribbean. Tocó puertos españoles a finales de abril y tuvimos ocasión de verlo por dentro. A continuación te contamos cómo fue esa experiencia y las maravillas que encontrarás si decides hacer un crucero en él.

Anthem of the Seas (I)

Anthem of the Seas (I)

Por mediación de la oficina de Halcón Viajes de Pumarín (Oviedo), que se encargó amablemente de gestionar la reserva, llegamos al Puerto del Musel (Gijón) el sábado por la mañana, a las 10:00. La colosal silueta del buque se recortaba solitaria en su dársena mientras los últimos autobuses trasladaban a los pasajeros al centro urbano para conocer la ciudad.

El Anthem of the Seas había zarpado de Southampton (Inglaterra) el miércoles 22 de abril para realizar su viaje inaugural y llegaba a la localidad asturiana desde Vigo para luego dirigirse a Bilbao y regresar al punto de salida. En el Principado coincidió con un día típico, meteorológicamente hablando, con momentos de sol y otros llovizna alternándose durante la mañana, por lo que muchos de los turistas (la mayoría de edad avanzada) optaron por quedarse a bordo.

Pasasmos los trámites reglamentarios de seguridad (registro de nombre y apellidos, dejar el DNI a cambio de una tarjeta de identificación e incluso una foto digital que se incorporó a un banco de datos) y esperamos en la carpa que los servicios turísticos de Asturias habían instalado para ofrecer información de los principales atractivos que se pueden ver y que estaba completada con una serie de tenderetes de venta de artesanía y recuerdos.

Abordamos el navío por una puerta de proa, justo bajo el puente de mando. Bueno, lo de justo es un decir porque el Anthem tiene nada menos que 18 cubiertas y nosotros estábamos abajo mientras los marinos nos contemplaban desde las alturas. El personal saludó amablemente haciendo un esfuerzo por usar nuestro idioma y pronto nos reunimos en el curioso Teatro Cabaret, donde nos repartieron en dos grupos, cada uno con un guía de la compañía.

Es justo reconocer aquí su trabajo. No sólo por haber tenido que atender a medio centenar de invitados -la mayoría agentes de viajes pero también un bloguero ilusionado- sino porque ellos mismos apenas han tenido tiempo de ver el buque y aprender el itinerario por su laberíntico interior (señalemos que a bordo hay capacidad para 4.180 pasajeros más la tripulación, lo que lo convierte en una pequeña ciudad flotante). Felicitaciones, pues, ya que cumplieron su misión sin novedad.

Empieza la visita

El primer sitio al que nos llevaron fue Adventure Ocean, la zona infantil, donde un equipo de monitores y unas instalaciones especialmente diseñadas para los niños -con un laboratorio, incluso- se ocupan de que éstos se diviertan con total seguridad, permitiendo a sus padres hacer la correspondiente visita en tierra o cualquier otra actividad despreocupándose, sin necesidad de estar pendientes.

Seguimos avanzando por los largos pasillos, vertebrados por camarotes. A éstos no podíamos entrar, dado que o estaban ocupados o se hallaban en pleno proceso de limpieza por parte del personal ad hoc, pero sí les echamos una mirada cotilla, desde fuera, a los que tenían la puerta abierta. ¿Qué fue lo que vimos? Algo revolucionario.

Las cabinas del Anthem se dividen, como todas, en exteriores e interiores; las primeras cuentan con balcón, claro, pero las otras han sido dotadas de una sorprendente particularidad: un panel con un sistema audiovisual que graba el exterior (mar, costa, cielo, oleaje) y lo reproduce dentro en tiempo real, de manera que uno tiene la sensación de haber reservado una habitación con vistas.

El siguiente paso fue el espectacular solarium, caracterizado por una luminosa cristalera continua abierta a proa. Piscinas colgantes, jacuzzis, hamacas, un bar y abundante ambientación vegetal combinadas con la agradable temperatura, incitaban a quedarse haciendo compañía a los muchos usuarios que ya había en ese momento relajándose en compañía o con algún libro.

Detalles y atracciones

Dimos la vuelta, nos trasladamos de babor a estribor y atravesamos primero el Pool Bar de techo acristalado y la zona de fumadores al aire libre, situados más o menos en la parte central del barco junto a la gran piscina descubierta, el Sky Bar que la sirve y una enorme pantalla donde se proyectan películas. Allí mismo, estratégicamente ubicado, está uno de los restaurantes de moda, el desenfadado Johnny Rocket’s, tipo burguer.

Con los ojos como platos para no perder detalle alguno, me fijé en las papeleras, separadas para cada tipo de basura. También en los paneles que indican no sólo tu posición en el barco, facilitándote un plano para orientarte, sino también la previsión meteorológica. Y lo más sorprendente: cada pasajero lleva un código de barras en su pulsera con el que puede realizar pagos e incluso rellenar gratuitamente un vaso de bebida a su gusto en cualquiera de los dispensadores repartidos por el Anthem.

Así llegó el momento de cambiar de cubierta y recurrimos a los elegantes ascensores (muy rápidos, por cierto), que tienen otro curioso detalle: en el suelo llevan una placa con el día de la semana en curso. Nueva caminata por la borda, en cuyo suelo hay pintada una calle para los amantes del footing, y, dejando atrás un divertido puesto de perritos calientes con forma de autobús, accedimos al SeaPlex. ¿Quieres saber qué es el SeaPlex? Te lo explicamos en el próximo post, donde continuamos y concluimos el relato.